Mostrando entradas con la etiqueta adaptación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adaptación. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de septiembre de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Maheka Carella

En esta oportunidad, damos la bienvenida a Maheka Carella, venezolana radicada en Galicia, España, quien nos narra su emotiva experiencia como emigrante. 



«Hay quien cree que quienes nos fuimos pasamos página y por eso nos duelen menos determinadas realidades pero se equivoca. Generamos un doble sentimiento que es, además, tremendo. Sufres por quienes quieres y están allí pasándolo mal por la incapacidad de cuatro avaros y de paso generas una especie de culpabilidad (absurda) porque tu vida es diferente».

Imagen de Betanzos


Nombre:  Maheka Carella (¡Mahe para los amigos!).
Edad: 39 años.
Profesión: Relacionista Industrial.
Nivel de estudios: Universitario.
Lugar de nacimiento: Caracas – Distrito Capital (pero viví la mitad de mi vida en Puerto La Cruz).
País de residencia: España.

¿Cómo nace la idea de emigrar? 
Nace como una necesidad de acabar con la inconformidad que me producía un entorno cada vez más irracional. Nace en el mismo momento en el que razonas que la vida, allí (en Venezuela), puede valer muy poco. Tan poco como unos lentes de sol. Como se lo plantea cualquier otro matrimonio joven, nace de una perspectiva de futuro, de familia y de bienestar que consideras merecida y sin embargo ves negada.

¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí, y trabajé hasta poco antes de mi viaje a España. Muchos me dijeron que me arrepentiría pero no me costó demasiado dejarlo. Trabajar para la industria petrolera, vivir la convulsión que supuso el paro petrolero y ver posteriormente la "Nacionalización" de la industria me demostró que yo no encajaría en esa "nueva" estructura. 

¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Nunca tuve problemas para emplearme. Todo lo contrario, tuve la oportunidad, como tantos otros paisanos, de compaginar estudios y trabajo lo que me permitió entrar al mercado laboral bastante pronto y hacer carrera dentro de mi área. Las condiciones económicas, en mi caso, siempre fueron las ideales. 

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Es un cambio de paradigmas pero sin dudar, ocho años después, valoro la experiencia como altamente positiva y respeto muchísimo las razones que exponen tanto quienes se quedan, como quienes marchamos. 
Para mí todas son válidas. Hay quien emigra por mejores oportunidades laborales, hay quien lo hace por dinero, otros simplemente por explorar otros territorios sin mayor pretensión. Hay quien emigra buscando tranquilidad, buscando calidad de vida, bienestar. Hay quien se ha regresado con el mal sabor del fracaso. Otros seguimos insistiendo confiados en que, cualesquiera sean las circunstancias, estamos donde y como queremos estar.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Siempre se puede mejorar. En Galicia hay una frase muy recurrida que define muy bien ese carácter local: "No todo cabe en un saco". 
El entorno ideal, con las condiciones ideales, considero que es una utopía. Siempre que vivamos en sociedad y hagamos vida con miles y miles de semejantes está claro que no se podrá complacer a todo el mundo, todo el tiempo. Ese carácter ideal debemos gestionarlo nosotros mismos cada día con pequeños gestos aunque estamos de acuerdo con que el entorno debe auspiciarlo. España es, socialmente hablando, mucho más equilibrada y honesta.
Las condiciones laborales en España sufren, como en tantos otros países, una serie de trastornos que esperamos transitorios sin embargo es grato acabar con ciertos mitos que traemos aprendidos. Destacaría que todo trabajo es digno y justamente remunerado. También hay una constante promoción de los oficios que, además, forman una parte muy importante de la cadena productiva. 

¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras? 
¿Con total honestidad? Echo de menos la temperatura del mar y determinados sabores. ¿Cuáles? Un coco bien frío, un jugo (zumo) enorme de parchita de esos mal colados con mucho hielo, una morcilla de Carúpano... La modernidad ha hecho que tengamos hallacas, arepas, ají dulce, cachapas (platos típicos venezolanos) y muchas otras delicias en nuestras mesas pero, como escribe Banana Yoshimoto en su libro "Un viaje llamado vida" (¡que recomiendo a ojos cerrados!): "Es lógico que un producto sepa mejor en el lugar de origen, pero me parece curioso el hecho de que ese sabor se arraigue en el cuerpo a modo de memoria".
A mis amigos de siempre, a mis colegas, a mi familia más cercana no los echo de menos. Muchos se han marchado también y a ellos y a los que aún viven allí, los tengo a un clic de distancia y eso me complace lo suficiente. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
Vivo en Betanzos, una ciudad pequeña del noroeste gallego de más de 800 años de fundada. Todo es interesante, todo tiene una historia, suceden cosas maravillosas, es bohemia, pintoresca y preciosa. La encuentro apacible, amable y absolutamente familiar. El tráfico no existe, se puede hacer todo caminando y con total seguridad. Lo primero que me llamó la atención cuando llegué, más allá de su arquitectura, es que en las puertas de las casas quedaba colgada la bolsa de pan que dejaba el panadero apenas al amanecer. Una rareza para quienes venimos de una vorágine como la venezolana. Una sorpresa para quienes no entendían que yo pudiese fotografiar algo tan cotidiano para ellos.

¿Y lo que menos te gusta?
Tiene las limitaciones de las ciudades pequeñas en cuanto a ofertas comerciales y oportunidades laborales, sin embargo está muy bien conectada con ciudades principales y sólo hace falta desplazarse apenas pocos kilómetros en cualquier caso.

Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?
Por aquello de "nunca digas nunca" podría planteármelo pero no se vislumbra en los planes. 

¿Consideras positiva tu experiencia actual?
¡Sin lugar a dudas! Aquí llegamos mi esposo y yo con la vida en 6 maletas y la cabeza llena de ideas y dudas a partes iguales. Hoy tenemos dos hijos y un camino andado. Miro hacia atrás y repetiría cada paso, incluso cada tropiezo, por llegar hasta aquí. 

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Hay quien cree que quienes nos fuimos pasamos página y por eso nos duelen menos determinadas realidades pero se equivoca. Generamos un doble sentimiento que es, además, tremendo. Sufres por quienes quieres y están allí pasándolo mal por la incapacidad de cuatro avaros y de paso generas una especie de culpabilidad (absurda) porque tu vida es diferente. Entras a un supermercado, a un hospital, a una farmacia, a un colegio público, a una gasolinera, entras a un baño público, subes a un autobús, las bolsas de pan colgadas en las puertas… y las comparaciones te persiguen. Da igual los años que pasen, no dejas de cuestionarte "¿porqué aquí si y allá no?". Entonces te das cuenta de que tu vida transcurre entre dos aguas, haciéndote preguntas incómodas y que tú sabes las respuestas pero, quieres creer que son otras. 

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años? 
Es duro despertar un día sintiendo que no perteneces al lugar donde has crecido y que hiciste siempre tuyo, que no reconoces nada de lo que te rodea y que la idiosincrasia es una palabra larga pero rara porque ya desconoces su significado. Pues no, no lo habría pensado. Pasó así, como te lo cuento. 

Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Para mí el hecho de emigrar no asegura el éxito, pero estoy convencida de que la clave está en saber lo que sales a buscar en tu nuevo destino. Si lo tienes claro ya puedes lidiar con climas extremos, con otros idiomas, con nuevos hábitos… que llevas ventaja en el camino. 
Yo hice una lista: "Lo que llevo/Lo que dejo", me sorprendieron los resultados. Una mitad eran paisajes, la otra mitad eran afectos… todo cabía en mi cabeza y en mi corazón el día del viaje; y hoy, tantos años después todo sigue intacto. Trabajemos en esa meta, preparémonos para ser los mejores embajadores que Venezuela haya podido tener, marquemos la diferencia, rescatemos el respeto que perdimos, tengámoslo con quienes nos reciben, y que cuando nos toque volver sea para retomar todo el sentimiento nacional que se perdió en el camino. ¡Ánimo Amador!

domingo, 30 de agosto de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Carolina

A Carolina la conocemos por sus valiosas reflexiones acerca del exilio venezolano, que ya han formado parte de este blog y que, seguramente, le han dado aliento a muchos para tomar la decisión de emigrar. En esta ocasión, el rol de Carolina es diferente. Ahora comparte con nosotros su punto de vista como emigrante, así como también nos brinda algunos consejos para poder sobrellevar el exilio con paciencia y determinación.  


«Mi vocación es educar y entre los proyectos que tengo aquí en España se destaca el de seguir educando así sea en la distancia; si eso contribuye a un mejor futuro para mi país (Venezuela), creo que será el mejor granito de arena que pueda aportar para un cambio sostenible en el tiempo».


Nombre:  Carolina. 
Edad: 36.
Profesión: Contable. 
Nivel de estudios: Universitario.
Lugar de nacimiento: Coruña - España.
País de residencia: España.

¿Cómo nace la idea de emigrar? 
Ante la situación que se vivía en Venezuela y a pesar de tener una situación laboral estable como profesora universitaria, mi esposo y yo decidimos marcharnos en procura de un mejor futuro para nuestra hija.

¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Si, llevaba catorce años ejerciendo mi carrera como contador público y nueve años como profesora universitaria.

¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
No, el campo laboral de mi carrera era bastante bueno. Sin embargo y, debido a la inflación, las condiciones económicas eran pésimas; puedo incluso contar a modo de anécdota que tras nueve años trabajando como profesora asistente en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), mi fondo de jubilación hasta marzo del año 2014, hoy en día (agosto 2015), alcanzaría solamente para comprar una licuadora.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
De vivir, buena. Soy emigrante retornada española, ya que nací en España y retorné al país que me vio nacer. Sin embargo, la adaptación quizás ha sido un poco lenta, no es la misma cultura que me inculcaron mis padres y abuelos.
En cuanto a trabajo, puedo afirmar que en España las condiciones laborales son muy distintas a las que se encuentran en Venezuela, aunque, al menos en Galicia, ganando poco dinero se vive bastante bien en comparación con grandes ciudades como Barcelona o Madrid.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Sociales, definitivamente sí, cualquier país occidental hoy en día, –lamentablemente para Venezuela-, goza de mejores condiciones en términos de abastecimiento, salud, educación y sobre todo seguridad.
En términos laborales, España no goza actualmente de las mejores cifras o condiciones; quien piense que vendrá aquí con la misma comodidad laboral que se vivía en Venezuela se llevará quizás una desilusión, pero vale la pena, la experiencia incluso hace que uno se redefina como profesional, se experimenten nuevos talentos. Ante la experiencia migratoria uno se reinventa como ser humano.

¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras? 
Sí, hay meses mejores, otros peores; también es cuestión de actitud: añoro a mi familia, los sabores, la gente. Me fui pensando en jamás regresar y a veces incluso siento que lloro a una Venezuela que no existe, como en los duelos, a veces me encuentro derramando lágrimas por un muerto.

¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
La seguridad, el sistema de educación y la salud pública.

¿Y lo que menos te gusta?
Las diferencias culturales me han afectado más de lo que habría imaginado.

Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?
Creo que esa pregunta resuena en todos los que hemos salido del país, sin embargo, racionalmente hablando, por ahora no me planteo regresar, pero no lo descarto. Como el refrán que dice “nunca digas nunca”.

¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Toda experiencia deja un aprendizaje, así que sí, la mayoría del tiempo emigrar lo veo como una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Sí, confieso que a veces el hecho de abrir mi nevera y ver comida me da remordimiento o simplemente salir a caminar por la noche tranquila me hace preguntarme en qué hemos fallado, sería irresponsable dejar toda la culpa en manos del gobierno. Venezuela, socialmente hablando, adolece de problemas que ha cosechado desde hace muchos años. Tal como decía Arturo Uslar Pietri, sembrar el petróleo: es una frase, desafortunadamente, sustantiva; el día que se haga verbo, el futuro venezolano probablemente sea otro.
Mi vocación es educar y entre los proyectos que tengo aquí en España se destaca el de seguir educando así sea en la distancia; si eso contribuye a un mejor futuro para mi país (Venezuela), creo que será el mejor granito de arena que pueda aportar para un cambio sostenible en el tiempo.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años? 
No, hace diez años ni se me habría pasado por la cabeza que hoy estaría viviendo en España.

Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Que asuman el reto, no van a perder nada; por el contrario, ganarán en vivencias y aprendizajes. Por otro lado, probablemente puedan ayudar más al país desde lejos.-

lunes, 17 de agosto de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Ángelo y Sarai (Vídeo)

Damos la bienvenida a Ángelo y Sarai, venezolanos radicados en Chile, quienes nos narran algunas de sus vivencias antes de dar el paso definitivo de emigrar y cómo ha sido su vida en Chile tras esa decisión. Al mismo tiempo, nos ofrecen unos excelentes consejos acerca de lo que implica la emigración y cómo sobrellevar la vida como inmigrante en otro país.  


«Hagamos de esto una experiencia de vida, involucrémonos y seamos capaces de ser unos ciudadanos ejemplares en lo posible». Sarai.
 
 
 «Si llegas a un lugar nuevo, únete a él». Ángelo.
 
 
 

 

domingo, 26 de julio de 2015

Para nacer hay que romper un mundo, o dos - Oxxana

Damos la bienvenida a Oxxana, venezolana radicada en Canadá, quien nos narra su emotiva experiencia como emigrante.


«He aprendido de los países en los que me ha tocado vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, mas sí de la gente. Es como un fenómeno de ósmosis, dar y recibir. Trato de dar lo mejor de mí, para reconciliarme con mi gentilicio y no crean que todos los venezolanos somos la degradación en la que nos han convertido los invasores que nos han depredado el alma y nos dejaron irreconocibles».
 
 
Imagen cedida por Oxxana
 
Keyla apareció un día y me invitó a escribir en su blog algo sobre el exilio.

Después de un año fuera de Venezuela fui tranquila, con mis fantasmas dormidos, a darle un vistazo al blog, a leer lo que escribían los venezolanos que se han ido.

Sólo pude leer dos. No lo resistí.

A medida que le leía sentía revivir lo que creía superado, como las heridas que crees curadas hasta que las tocas y te das cuenta que no. Me había prometido a mí misma no regodearme más en el morbo de las separaciones y los adioses. Había que afrontarlos y ya.

Pero la mente no funciona así. Quedaba algo pendiente, suspendido, que las exigencias de lo cotidiano me ayudaban a evadir. Y lo agradecía. No quería extrañar a nadie ni llorar más. Tenía una tarea y la iba a cumplir, la tarea de reconstruirme a mí misma. Ya que no pude reconstruir el país me iba a reconstruir yo.

Sólo se reconstruye lo que está roto y yo lo estaba, nadie sabía cuanto. Ni yo.

Irme de Venezuela era una idea que me inculcaba mi familia diariamente. Pero no pasaba de ser eso, una idea a la que yo sabía esquivar hábilmente. No estaba preparada, tenía mucho que hacer, mis actividades políticas en el movimiento estudiantil y mi trabajo me mantenían en una vorágine que no me permitía ver más allá. Me puse en riesgo yo y a mi familia. Pero lo valía. Creía. Tenía fe. La mística del grupo me impulsaba y yo a ellos. No nos quitarían nuestro futuro. Invasores malparidos hijos de puta. Los muertos, sabía que los habría, en toda guerra los hay. Las traiciones, esas no. Esas no las sabía. Destruyen como la muerte pero peor porque te dejan viva para que las sufras y las aprendas.

Dice un vendedor de libros: el universo a veces conspira a tu favor. En medio de la decepción y luego de varias entrevistas a larga distancia en las que puse poco empeño e interés, un día tuve trabajo en Chile. La idea de irme me la convirtieron en realidad. No había tiempo para estar preparada, tenía que estarlo. No había tiempo para sentir ni para estar triste ni para mirar a los lados. Era ahora o nunca. Y fueron ambas: para algunas cosas fue “ahora” y para otras “nunca”.

Seis meses en Chile me dieron soledad y tranquilidad. Descubrí lo que ya intuía: Venezuela te entrena para sobrevivir en cualquier parte. Si superas a Venezuela, en un país normal eres un as. Lo digo sin arrogancia. Lo digo porque si eres profesional y te permiten desarrollarte, lo haces bien, seriamente, sin tratar de imponer tu idiosincrasia, terminan respetándote. Respeto, sí, eso sentí. Palabra que en Venezuela se perdió.

Luego me trasladaron a Canadá y aquí estoy. Desarraigada como siempre pero algo más feliz. A nadie le importa de dónde vienes ni qué has hecho antes. Un país extranjero no está diseñado para hacerlo a uno feliz. Está diseñado para hacer feliz a su gente, cuando mucho y con dificultades.

He aprendido de los países en los que me ha tocado vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, mas sí de la gente. Es como un fenómeno de ósmosis, dar y recibir. Trato de dar lo mejor de mí, para reconciliarme con mi gentilicio y no crean que todos los venezolanos somos la degradación en la que nos han convertido los invasores que nos han depredado el alma y nos dejaron irreconocibles. Trato de reconciliarme conmigo misma por lo que dejé incompleto y perdí. No es fácil, tengo retrocesos, me culpo por cosas. Me perdono otra vez y en ese círculo vivo. Estoy parada de otra manera ante la vida, menos cínica, menos odiosa, me quiero más. Y por lo tanto a los demás también.

No desprecio a mi país. Desprecio a los que no lo han sabido querer, a los que lo han entregado sin escrúpulos ni moral.

Dice Hermann Hesse que para nacer hay que romper un mundo. Mi dificultad ha sido no querer romper nada y mantener dos mundos en mí, y como no me gustan las cosas fáciles alimento mi masoquismo contradiciendo  a Hesse. Hasta que aguante. Quiero regresar a Venezuela algún día, no como turista sino para quedarme. Esta vez me fui yo, alguna vez se irá el invasor. Tengo mucha vida por delante y a él se le está acabando. Vamos a ver quién gana al final.

En el exilio todo intento de arraigo se considera traición. Es el reconocimiento de la derrota. Esa es la herida que cuando toco me sigue doliendo. También lo estoy superando y lo descubrí gracias a Keyla que un día se apareció y me pidió que escribiera algo en su blog.-

domingo, 12 de julio de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Victoria Guerra

En esta ocasión, le damos la bienvenida a Victoria Guerra, venezolana radicada en Buenos Aires, quien nos cuenta su vida como emigrante.


Nombre: Victoria Guerra.
Edad: 25.
Profesión: Politóloga de profesión, escritora de oficio.
Nivel de estudios: Universitario.
Lugar de nacimiento: Caracas, pero viví en Maracaibo toda la vida.
País de residencia: Argentina (en Buenos Aires).

 
 
«Hay mucha gente que se va físicamente pero emocionalmente sigue pegada en Venezuela y, aunque a veces sea duro, hay que intentar darle una oportunidad al país que te recibe».
 
Victoria junto a su novio.
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Honestamente, nunca tuve planes de quedarme en Venezuela. Básicamente esperé a tener un título, pero desde hacía muchos años quería irme.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí, estaba trabajando en una agencia de marketing en Maracaibo.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Tuve bastante suerte en Venezuela en ese aspecto, apenas me gradué conseguí trabajo en una de las agencias de publicidad más importantes de Maracaibo, no me fue bien y conseguí otro trabajo pronto; no ganaba un buen sueldo (particularmente en la primera experiencia laboral), pero me fui de Venezuela apenas ocho meses después de graduarme, tampoco era realista esperar un sueldazo. Por suerte, no me hacía falta tampoco.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
A las pocas semanas de llegar, conseguí un trabajo a medio tiempo que paga bastante bien y lo hago desde casa, allí sigo; de un mes para acá, también tengo otro freelance que me ocupa un par de horas al día. A veces termino de trabajar tarde en la noche y es duro, pero me da la oportunidad de ahorrar y vivir cómoda.
 
¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Mil veces. También es que esta es una ciudad enorme y como tal hay muchas oportunidades (y también mucha competencia, hay que admitirlo), además que el mismo rollo cosmopolita en Buenos Aires quita mucho ese enfoque general relacionado con las tonterías de imagen que en Venezuela son mucho más importantes de lo que deberían.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Echo de menos a mis amigos, a mi gato, a comer parrilla los domingos con mi familia; pero a Venezuela particularmente, no.
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
La gente es mucho más abierta, le hace menos caso cosas que a mí me parecen normales como vivir en pareja sin estar casados o tener piercings o tatuajes visibles. Sonará como una banalidad, pero ese cambio de actitud a mí, por lo menos, me deja mucho más tranquila y menos auto-consciente.
 
¿Y lo que menos te gusta?
El gobierno de Cristina Kirchner, los peronistas y toda la gente que vive convencida de que Hugo Chávez le hizo un favor a Venezuela, que en Argentina no son pocos y están súper dispuestos a hablarte de lo bueno que fue que Chávez le quitara el poder a los ricos.
 
Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?
No.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Muy. Llevamos menos de un año en Buenos Aires y tanto mi novio como yo estamos trabajando, vivimos juntos en un país donde esta situación se ve como normal, podemos alquilar un apartamento bonito en una buena zona y comer fuera, incluso de vez en cuando ir a algún concierto -todo eso sin miedo a que nos atraquen en cualquier esquina-.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Creo que me da más por preocuparme por mi gente directamente, me he convertido en la mamá a distancia de mis amigos: vivo con el estrés de que siempre les va a pasar algo, que les roben el carro o no consigan acetaminofén  (medicamento) o qué sé yo.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Sí, siempre tuve el plan irme, aunque más que a Argentina, quería Europa o Estados Unidos. Quizá eventualmente nos vayamos para el norte, le tengo algo de desconfianza a la estabilidad de América Latina, la verdad.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Es tan válido quedarse como irse, es una decisión de vida, por lo cual nadie tiene derecho a reprochártela y, aunque hayan muchísimos que salgan con el discurso de que le estás "dando la espalda" a Venezuela, tienes derecho a hacer tu vida como te parezca mejor.
Otra cosa es que, una vez afuera, las reglas de juego cambian y ya no tienes el "nombre" que tenías, por lo que hay que llevarlo con un poquito de humildad y respetar las reglas del país que te está dando hogar.
Por último, hay mucha gente que se va físicamente pero emocionalmente sigue pegada en Venezuela y, aunque a veces sea duro, hay que intentar darle una oportunidad al país que te recibe y recordar que si te fuiste de Venezuela es porque sabías que no ibas a estar tranquilo allá.-

domingo, 28 de junio de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Ana Bortolussi

Desde No hay fronteras, damos la bienvenida en esta oportunidad a Ana Bortolussi, venezolana que emigró a Argentina, quien nos narra su experiencia desde el exilio.
 
 
«Irte es un gran crecimiento personal, aunque a veces duela
 
Ateneo Grand Splendid - Buenos Aires
 
 
Nombre: Ana Bortolussi.
Nivel de estudios: postgrado.
Lugar de nacimiento: Valencia, Venezuela.
País de residencia: Argentina.
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Tenía años pensándolo, pero estaba realizando estudios de postgrado y sabía que, de irme, probablemente no ejercería mi carrera, al menos por un buen tiempo. Los
sucesos de 2014, acaecidos en el país, cambiaron todo.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí, trabajaba en el ejercicio independiente de mi profesión.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
No, como abogado siempre hay trabajo. El problema radicaba en que, aunque estuvieses cómodo económicamente, eso no se transformaba en poder adquisitivo.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Agridulce, pero me aseguro a diario que vale la pena. Buenos Aires tiene sus momentos geniales, hay muchas actividades culturales, camino de noche sin miedo y tengo amigos que me han apoyado incondicionalmente; en ese sentido soy más feliz de lo que era en Venezuela. Actualmente trabajo en ventas en un Call Center lo cual es una lección de humildad, te quitas el ego y entiendes que en ese instante eres uno más, no importa qué tan preparado estés. Eventualmente me gustaría trabajar en algo mejor, quizás a futuro en algo relacionado con mi carrera.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Conseguir trabajo acá no es fácil, pero con un trabajo a tiempo parcial, cubro todos mis gastos (residencia, comida, transporte) ganando menos del sueldo mínimo. Eso es impensable en Venezuela. Socialmente veo similitudes, pero acá hay menos violencia y por los momentos, es un buen sitio para vivir.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Venezuela para mí es un concepto etéreo. Extraño a mi familia, a los amigos que dejé, las cachapas, empanadas, tequeños (platos típicos venezolanos), la playa, el calor...
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
SEGURIDAD. Camino a las 4am hasta mi casa y hay gente caminando igual que yo. También me agrada que el transporte funcione 24/7.
 
¿Y lo que menos te gusta?
El invierno, me quejo constantemente, ¡jaja!
 
Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?.
Probablemente sí, pero creo que pasará mucho tiempo para que haya una mejoría.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Totalmente. He aprendido a valerme por mi cuenta, a apreciar cosas que antes habría dado por sentado. Irte es un gran crecimiento personal, aunque a veces duela.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Mi familia sigue en Venezuela, me duele pensar que tengan que hacer colas para comprar productos, o que mis hermanas no puedan salir sin miedo de que algo les suceda. Mi misión en este momento es sobrevivir bajo esta experiencia y buscar establecerme para que ellas puedan venir a futuro. La impotencia por el país se siente a diario, pero, en mi opinión, no creo que podamos hacer mucho desde el exilio.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
No. Tenía muchos planes y sueños con Venezuela, pero no quise seguir esperando alguna mejora para empezar a vivir.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Hay que prepararse y estar dispuesto a trabajar mucho por lo que queremos.
No es sencillo, pero vale la pena.-

miércoles, 24 de septiembre de 2014

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Juan Vicente Ayala

Hoy los invitamos a leer el testimonio de Juan Vicente Ayala, venezolano radicado en EE.UU., quien nos narra su experiencia como emigrante.
 
 
«Sean consistentes con sus actitudes e intenten en su experiencia afuera ser siempre el ejemplo de venezolanos que queremos que un día sean los que viven en el país.»

Playa "Siesta Key", Sarasota. Fuente: pbfingers.com
 
 
Nombre:  Juan Vicente Ayala Millán
Edad: 29
Profesión: Periodista, latinoamericanista, traductor, lingüista, profesor de español, acordeonista, cajón de inutilidades...
Nivel de estudios: Posgrado
Lugar de nacimiento: Caracas, Venezuela

País de residencia: Estados Unidos
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
No emigré de una Venezuela destruida, pero sí de una en la cual el augurio pesaba ya como una sombra amenazante que muchos ignoraban y otros preferían ignorar. Mi madre es ciudadana estadounidense -nació aquí en tiempos en los cuales a ningún venezolano le importaba tener un pasaporte gringo- y mi familia se planteó la emigración como una experiencia práctica con retorno a corto/mediano plazo  para adquirir nuevas experiencias, conocer un poco más del mundo y finiquitar la ciudadanía mía y de mi hermana, que por razones burocráticas no había podido gestarse.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
No, apenas estaba graduándome de bachillerato, presentando pruebas universitarias y todo eso. Para mí, fue una decisión adolescente, promulgada en cierto modo por la sensación muy de nuestra juventud de que todo afuera era mejor y más "chévere".

¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Como dije, no trabajaba aún; sin embargo, puedo decir que estaba a punto de emprender estudios en una profesión que no era ni mi pasión ni mi talento, y en la cual quizá pude haberme desempeñado bien, pero cuya elección era casi exclusivamente una de "poner los pies sobre la tierra y estudiar algo con lo que se pueda vivir". A eso me obligaba Venezuela en aquel momento.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Ya son once años de mi venida y ha sido una década llena de altibajos. Debo confesar que, quizá por ser mayor de edad y no un niño, fue fuera de Venezuela donde conocí lo que significa "crisis" y "pasar trabajo". La debacle económica estadounidense del 2007 en adelante le dio muy fuerte a los planes de mis padres, que no son ningunos muchachitos tampoco, y toda la experiencia ha sido una de constante -y cuando digo constante digo 24/7/365- esfuerzo y sacrificio para lograr mantenernos a flote, pero aquí estamos.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Yo no puedo quejarme de mi situación en los Estados Unidos; aquí he encontrado un trabajo sólido en el campo que estudié y aparte de las facilidades materiales, se obtiene una seguridad personal que es el factor principal por el cual mi familia y yo nos mantenemos acá. Materialmente gozamos de muchas cosas que allá en Venezuela es casi imposible obtener; sin embargo, no considero que socialmente esté mejor en Estados Unidos: es un país donde todo gira en torno al trabajo, y aunque a primera vista este planteamiento  parezca positivo, es difícil conseguir un estilo de vida acá donde se balancee el ser productivo con el ser persona, familiar, amigo. Es un país grandioso pero implacable, donde muchas veces se termina uno pareciendo a un hámster que se monta en una rueda para hacer que le caiga un pedacito de queso y pueda comer.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Sin lugar a dudas, mi familia y mis amigos. Vengo de familias grandes con lazos fuertes y de amigos que son familia y con quienes hay más lazos aún. Siempre medito sobre el hecho de que la emigración es un fenómeno comparable a que hayan desaparecido -queriendo decir muerto- la gran mayoría de los seres a quien conocemos. Si bien puede decirse lo mismo desde el punto de vista de quien se queda, creo que es más sencillo extrañar a cuatro peregrinos que se fueron a extrañar prácticamente todos los rostros que formaron parte de tu pasado. En ambos casos, se trata de un sacrificio enorme. Daría mucho de lo que tengo actualmente por la posibilidad de compartir una vida cotidiana con mis tíos, primos y amigos. Ya eso, sin embargo, me es utópico.

¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
La seguridad. Poder manejar a cualquier hora, noche, madrugada, lluvia, sol, sin que me pase en el más mínimo instante el pensamiento de que alguien, por puro capricho, puede herirme o quitarme la vida. También me gusta y valoro inmensamente la pluralidad cultural, factor que considero el principal motor de madurez y crecimiento de todo el que emigra. Estar en contacto con otras culturas y aprender sobre ellas ha sido por mucho lo más positivo de mi experiencia como emigrante y me ha permitido incluso entender mejor mi (nuestra) propia idiosincrasia.

¿Y lo que menos te gusta?
La banalidad, que si bien es un problema global, emerge en este país y se exporta con velocidad y éxito espeluznante. En Estados Unidos se encuentra uno de todo, desde lo más virtuoso hasta lo  más bochornoso. Es un país de maravillas evidentes y miserias disfrazadas, donde si uno pierde la ilusión del que queda deslumbrado ante la cantidad y la variedad, empieza a darse cuenta de que todo país, por muy "primer mundo" que sea, tiene sus zonas podridas.

Si las cosas estuvieran mejor ¿te plantearías volver a Venezuela?
Definitivamente; y quiero recalcar que con "estar mejor" podría referirme puntualmente a la inseguridad y el nuevo fenómeno de la escasez. No digo que sea sencillo vivir con todos los otros embrollos de nuestra sociedad, pero esos dos son los principales por los cuales no me planteo un regreso para mí o mi familia.

¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Al poner todo en una balanza, sí, definitivamente y a pesar de todo. Pienso que he podido aprender tanto que simplemente no sería la misma persona si me hubiese quedado en Venezuela. En estos momentos mis preocupaciones principales yacen con el porvenir de mis padres, quienes considero que se merecerían el que yo les pueda decir "misión cumplida, vuelvan a casa". El asunto es que ya no hay casa a la cual volver, y eso, por más bien que a uno le vaya afuera, es muy jodido de admitir.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Como he dicho: definitivamente. Ver resquebrajarse el lugar que llamaste hogar y donde están tus vivencias, tus familiares y ancestros no es nada fácil. La esperanza es a veces la peor de las ilusiones: durante estos 11 años, cada elección, cada proceso y cada suceso que nos ilusionó con que la situación venezolana podría mejorar, terminó en fracaso y desilusión.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Lo más triste es que sí. Cuando nos vinimos en el 2003, en el fondo yo sabía que no era una cuestión superflua. El 11 de abril, el paro petrolero, el discurso oficial lleno de odio y exclusión, todo eso me sirvió para de algún modo comprender que lo que venía en Venezuela no sería juego de niños. Recuerdo que el día que instauraron el control de cambio -apenas semanas antes de venirnos- desperté a mis padres desesperado, paranoico ante la inminente aplicación de medidas totalitarias en Venezuela comparables a Rusia comunista y Cuba. Aunque tomó su tiempo, y aún no llegan a la misma intensidad -espero nunca lo hagan- , los tiempos actuales confirman, por desgracia, mis temores.

Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Emigrar en tiempos como los actuales es una necesidad y una decisión. No dejen que nadie intente convencerles de que se vayan o se queden si no quieren hacerlo, pues al final son sólo ustedes quienes podrán afrontar los retos que vienen sea cual sea su decisión final. También es importante recordar que aunque se vayan lejos, aunque no vuelvan en años, y aunque no quieran admitirlo, no dejarán de ser venezolanos. Aunque sea difícil, no renieguen, no tiren la puerta, no hablen mal del país que hoy -y sí, quizá desde hace mucho- está malherido y no nos puede dar lo que exigimos, porque no sabemos cuándo necesitaremos de él, o él de nosotros. Conozco mucho emigrante que exuda un resentimiento muy fuerte hacia Venezuela, pero de algún modo aún se beneficia de sus bonanzas (CADIVI, mercado negro, negocios que dejaron funcionando allá, quién sabe qué), y esos personajes me inspiran profundo recelo. Sean consistentes con sus actitudes e intenten en su experiencia afuera ser siempre el ejemplo de venezolanos que queremos que un día sean los que viven en el país.-

jueves, 11 de septiembre de 2014

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Keyla Jaimes

Hoy he querido participar junto a todos aquellos que nos han acompañado en la sección "Venezolanos en el exterior" y "El exilio desde adentro", como narradores de sus vivencias y como lectores. Espero que disfruten de mi experiencia como emigrante venezolana radicada en Lugo, Galicia.

Nombre: Keyla Jaimes
Edad: 30 años
Profesión: Abogado
Nivel de estudios: Postgrado
Lugar de nacimiento: Caracas
País de residencia: Venezuela



«Mi deseo es que algún día, todos aquellos que nos hemos ido y aquellos que aún permanecen en Venezuela, podamos reconstruir las ruinas que quedaron de nuestro país y podamos verlo renacer,  juntos nuevamente.»


Fonte dos Ranchos.




Busto de Bolívar. Fonte dos Ranchos.

 
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Una vez que me gradué y comencé a trabajar, el entorno que me rodeaba me estaba resultando hostil. El ambiente poco serio en los tribunales (salvo contadas excepciones), la falta de respeto dentro de los organismos públicos que frecuentaba, el desorden burocrático, la desinformación, la improvisación formaban parte de mi día a día. Por ende, me estaba sintiendo cansada, agotada de todo. Así que, transcurrido un tiempo y viendo que la situación no cambiaba, mi esposo (que trabajaba en un área totalmente diferente a la mía e, igualmente, estaba notando el deterioro del país en todos los sentidos) y yo nos detuvimos a reflexionar y decidimos: «Es hora de irse».

¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí trabajaba. Tenía una cartera de clientes a quienes les dedicaba mi trabajo en el área de deberes formales empresariales.

¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
No me costaba encontrar trabajo, si bien es cierto que la ineficacia e inoperancia de los organismos públicos nos permitió a muchos adquirir experiencia, en muchos casos, a nivel "extremo": trabajar a deshoras; madrugar en los registros, ministerios, notarías; cargar encima miles de documentos por si se les ocurría añadir algún requisito más al trámite en el último minuto... y paro de contar. Desde luego que para el ciudadano de a pie, que tiene que trabajar, que no tiene tiempo que perder, los servicios de un abogado eran indispensables. Así que trabajo había y aunque las condiciones económicas no eran malas, tampoco daban para plantearse la idea de independizarse económicamente.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Me siento agradecida. Aquí tenemos todo lo que jamás en la vida hubiéramos obtenido viviendo en Venezuela. Vivo sumamente tranquila, sin temores, sin paranoia. Eso no lo cambio por nada.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales, son mejores en tu actual lugar de residencia?
Muchísimo mejores. Contamos, además, con la suerte de vivir en una ciudad pequeña con una calidad de vida menos costosa que la existente en grandes ciudades. No nos falta nada, por fortuna.

¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Echo mucho de menos a los míos. Ha sido una de mis mayores debilidades como emigrante. También extraño muchas cosas: los plátanos maduros, los aguacates, los quesos, las areperas, el sushi, algunas frutas, la chicha de Parque Carabobo, las guacamayas que sobrevuelan los alrededores de la UCV, el Ávila rodeando a la ciudad...

¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
La tranquilidad que impera. Cuando amanece con neblina espesa. El olor a pino que aparece y que perfuma al aire cuando se acerca el otoño. El otoño. Las castañas. El olor a leña de las calefacciones que hay alrededor. La comida (es una perdición). Lo bonito y arreglado que tienen todo. Lo mucho que conservan los sitios turísticos.

¿Y lo que menos te gusta?
Algunas personas tienen estrechez de miras. Es muy difícil introducir algo distinto en la cultura de aquí, ya que no son muy propensos al cambio, a lo diferente. Por otro lado, la inestabilidad del tiempo. Podemos pasar meses sin ver la luz del sol y eso, en ocasiones, nos afecta hasta el estado de ánimo.

Si las cosas estuvieran mejor ¿te plantearías volver a Venezuela?
No lo sé. He llegado a un punto en el que hasta no sé qué responder cuando me preguntan «¿Cuándo vuelves a visitarnos?». Eso resulta muy doloroso.

¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Muy positiva. No me arrepiento de nada.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Si estuviera en mis manos, sacaría a los míos de allá. No sólo siento frustración, siento rabia y mucha vergüenza ajena. Me he topado con españoles que vivieron en Venezuela hace muchísimos años y que no han vuelto a pisarla. He encontrado en ellos un amor, un cariño y un aprecio aún mayores, me atrevo a decir, que muchos de los que nacieron allá y viven allá. Cuando leo las noticias, no puedo sentir otra cosa que decepción e impotencia.  

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Honestamente, no. Cuando estudiaba, me entusiasmaba la política, luchaba por mis convicciones, no dejaba de participar en manifestaciones ni en procesos electorales (inclusive aquí, no he dejado de ejercer mi derecho y deber de votar), estaba segura de que los jóvenes haríamos prevalecer los valores democráticos, que juntos podríamos vencer. Pero la realidad me avasalló y llegó un momento en el que me dije «es hora de pensar en mi futuro fuera de Venezuela».

Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Hace poco, se marchó un gran amigo a otras latitudes. Alguien le escribió en las redes sociales «Don't look back» («No mires atrás»). De modo que ese es mi mensaje: No mires atrás. Si tu deseo es emprender un camino fuera del país que te vio nacer para lograr tu estabilidad, para mejorar tu calidad de vida, que nadie te detenga. Emigrar implica sacrificarse. Pero ese sacrificio, con mucha dedicación, paciencia y trabajo, obtendrá su recompensa. Mi deseo es que algún día, todos aquellos que nos hemos ido y aquellos que aún permanecen en Venezuela, podamos reconstruir las ruinas que quedaron de nuestro país y podamos verlo renacer, juntos nuevamente.-

martes, 26 de agosto de 2014

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Mariclé García

Damos la bienvenida a este segmento de No hay fronteras a Mariclé García, venezolana radicada en Argentina, quien nos cuenta su experiencia desde el exilio.
 
 
«Duele mucho ver desde lejos como el país donde nací, crecí y viví 39 años de mi vida no es, no está. Estar, sin estar, no es fácil. Nuestro compromiso es ejercer el gentilicio de manera que conozcan la mejor versión del venezolano: alegre, amable, solidario, chévere. No esto en lo que nos han convertido».
 
El Rosedal de Palermo. Imagen tomada de http://elamoreslibre.ning.com/
 
Nombre: Mariclé García Pelayo
Edad: 47 años
Profesión: Ingeniero Industrial
Nivel de estudios: Universitario
Lugar de nacimiento: Punto Fijo, Paraguaná. Estado Falcón
País de residencia: Argentina (Buenos Aires)

¿Cómo nace la idea de emigrar?
Ambos, tanto mi esposo como yo, somos ex trabajadores de PDVSA. No creo haga falta recordar la persecución de la que fuimos objeto. Las empresas que estaban dispuestas a darnos trabajo eran amenazadas por el gobierno de rescindirle contratos. Así nos fue impuesto un cerco asfixiante… Fue ahí cuando decidimos buscar opciones más allá de nuestras fronteras.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Trabajaba en casa a tiempo completo :) Disfrutando de mis hijos y ocupándome de que todo estuviera en orden.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Era difícil tomando en cuenta que mis 10 años de experiencia laboral fueron en PDVSA. Y eso, para la fecha, era un estigma.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Actualmente no trabajo. Vivir en este país maravilloso que es Argentina ha sido una experiencia fascinante. Buenos Aires nos abrazó con su aroma de tango desde el primer día. Esta ciudad es una bendición. Hay de todo, para todos. Parques, plazas, museos, teatros, librerías, edificios de todos los estilos arquitectónicos… Mención aparte para la gastronomía argentina. ¡De 10!
 
¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales, son mejores en tu actual lugar de residencia?
Indudablemente, sí. Aunque la carga impositiva es alta, hay mejores condiciones que en Venezuela. Algo para destacar es el buen funcionamiento del transporte público. A pesar de ser una ciudad inmensa, cuenta con un excelente servicio de transporte. Hay líneas de colectivos que recorren TODA la ciudad a un costo bastante razonable. Esa es una de las cosas que más llama la atención a quienes han venido a visitarnos.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Venezuela es mi piel. ¿Cómo no extrañarla? Antes dije que Buenos Aires nos había abrazado con aroma de tango desde el primer momento. Ahora debo puntualizar que el Alma Llanera no ha dejado de estar en mi corazón ni un segundo. Añoro muchas cosas… Mi familia, mis amigos, el sabor y sazón de nuestra comida, el mar, mi Cerro de Santa Ana, ¡el chocolate! ¡La lista es larga!
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
Todo. De Buenos Aires me gusta todo. Si tengo que mencionar algo en particular diría que sus plazas y parques, oasis en medio de la jungla de concreto.
 
¿Y lo que menos te gusta?
Ver que cada vez hay más gente viviendo en la calle. Eso me entristece mucho.
 
Si las cosas estuvieran mejor ¿te plantearías volver a Venezuela?
Sí. Hay que refundar a Venezuela y eso solo será posible con la ayuda de todos.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Sí, mucho. Somos venezolanos, sin embargo, todos los días reconstruimos nuestra identidad. Aprendimos a vivir con cuatro estaciones al año y así como amigos argentinos descubrieron las arepas y tequeños, nosotros disfrutamos una rica carbonada.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
¿Con cierta frustración? Con ABSOLUTA frustración. Duele mucho ver desde lejos cómo el país donde nací, crecí y viví 39 años de mi vida no es, no está. Estar, sin estar, no es fácil. Nuestro compromiso es ejercer el gentilicio de manera que conozcan la mejor versión del venezolano: alegre, amable, solidario, chévere. No esto en lo que nos han convertido.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Nunca. Ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado que Venezuela llegara a la situación en que está.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar
Emigrar es una decisión personalísima. A quienes están considerándolo les digo que decidan según lo que crean es mejor y una vez estén convencidos, sigan adelante. No es fácil, pero con actitud y voluntad todo se puede.-