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domingo, 31 de julio de 2016

Mi secreto en Margarita - Parte II

¿Ya leyeron a Scotos refiriéndose a Venezuela en la parte I de esta entrega? Los deleitamos con la Parte II. 


«...lo que encontré fue novedoso para mí, dos naciones en un mismo territorio, una de ellas agoniza, desaparece, la otra llegó muy rápido a la barbarie, a la miseria, hecha a la medida de la mentalidad perezosa del venezolano llanero Chávez


Parte II. La doble nacionalidad, la doble Nación


Lo dicho, hacía unos nueve años que no venía por tanto tiempo al territorio que siguen llamando Venezuela, la Nación que desapareció. Ahora me doy cuenta que venezolanos van quedando menos, o porque se han ido o porque van cambiado los habitantes. Una parte del dinero del petróleo se ha invertido en construir una nueva identidad, una nueva Nación, destruyendo el poco tejido social que había, estableciendo una nueva estructura política y económica; la otra parte del fondo petrolero se la han robado. Ambas nacionalidades coexisten y se parecen, porque claro, tienen un fondo en común, pero no son lo mismo. Les hacen creer que son lo mismo mientras el comunista invade e impone otra Nación desde adentro, como el parásito ese que invade insectos y los vuelve zombies. Manteniendo a la población engañada con elecciones periódicas, tienen un Estado dentro del Estado, manejado por comunas e instituciones paralelas. Eso del socialismo del nuevo siglo se entendió tarde como el movimiento secesionista que es y que ya venía gestándose con la guerrilla colombiana. Es un movimiento anti-venezolano llamado Bolivarianismo venezolano.

Ahora el territorio-Venezuela, el País, está muy comprometido en asuntos geopolíticos muy superiores al entendimiento común del venezolano que está luchando por conseguir comida a diario. Su consuelo periódico, con un fin ulterior, muy democrático él, muy cívico, muy avant-garde para una sociedad animalizada, es el consuelo de vez en cuando de una masturbada electoral, como los adolescentes que para reducir el estrés y cuando todo lo demás falla, aprenden a masturbarse, pero no le cuenten eso a los católicos y cristianos y muderos y civilistas y demócratas de Venezuela que le pegan un grito al cielo y un puntapié a usted.

No exageremos, que lo de la patada va en serio. El lenguaje no-verbal del venezolano es muy elocuente por sí mismo. Podría irse todo un libro describiendo situaciones que no tendrían la misma gracia que la del momento a describir. Hay que vivirlo. Una mirada fija y un cortísimo movimiento de cabeza hacia arriba no es lo mismo que si se hiciera hacia abajo. Puede pasar que si logras ver cualquiera de esos gestos en la calle seguramente ya te tienen montado en la olla de un atraco; o puede ser otra cosa, es difícil saberlo si no conoces las reglas de este idioma. Para eso quedó la gente, para hablar con gestos porque con palabras se les hace cuesta arriba. Se nota que aprenden a hablar en la calle, donde todo está deformado por coloquialismos y vulgarismos callejeros que se alejan de una educación masiva formal. La comunicación se compensa con la facilidad que tienen para aprender y usar vocablos extranjeros, los entienden, los interpretan, no temen usarlos y hacerlos propios. Ahí es cuando la comunicación vuelve a fluir, porque el venezolano se adapta al extranjero más de lo que yo debería como extranjero adaptarme a él.

No necesito darle veracidad a mi relato, pero sí aclarar que no todos son así. Es un enorme placer sentarse a escuchar a los de la vieja guardia. Tienen otro acento, otras palabras, con un vocabulario más rico. Se les nota la educación al hablar. Algo pasó en los cambios generacionales: ahora si no mantienen una actitud genuflexa al pedir algo, entonces lo hacen desde la altanería y los gritos. Pareciera no haber términos medios, creo que al venezolano no le gustan los términos medios, ni con los precios, o la cocción de la carne, el tamaño de los implantes de tetas y nalgas (dios mío, de nalgas, qué cosa más horrible), el precio de la gasolina o la cantidad de cerveza que pueden tomar sentados, yo que me tomo una o dos botellitas y éstos se compran una o dos cajas de 36 botellas cada una.

Pensándolo mejor, el término medio es el chistecito fácil, el humor, que pasa con frecuencia a la burla denigrante; la levedad con la que asumen el día a día, la cosa pasivo-agresiva detrás del sarcasmo. No vengo a justificarlo, no soy quien para hacerlo, pero me daba vergüenza. El hombre nuevo de la nueva Nación tiene mucho del viejo y una estrella adicional en su otra nueva bandera.

Para hablar de nacionalidad y del concepto de Nación, debes traer claros esos conceptos jurídicamente. No tengo ganas de hacerlo aquí, pero sí tienes que saber que País es distinto de Nación y distinto de Estado. Personalmente creo que en Venezuela todavía no tienen claro esos términos. De hecho no tienen claro muchas cosas porque todo lo llaman de varias maneras distintas y, como son locos y se entienden entre ellos, pues entonces según cada situación van adaptando los términos. Luego los veo más locos cuando salen al exterior, donde cada cosa tiene su nombre propio, literalmente, y ellos insistiendo en cambiarle el nombre y el extranjero que no es extranjero en su tierra le ve con ojos raros mientras este se arrecha* porque qué bolas, este extranjero no me trata como un pana; si estuviera en Venezuela le echaría un chistecito, yo sí que le intentaría entender mientras me explica la cosa, pero la cosa afuera se complica y la cosas no se llaman cosas, tienen nombre, vengo a sacarme el DNI en España, la cosa esa, la cédula, no hijo-de-bolívar, a tí te sale NIE, no insista, es usted extranjero, pero es que es lo mismo, es la cédula, en mi país la cédula es la misma para el nacional o el extranjero, sólo que es amarillo mierda para los extranjeros (entienda la indirecta), no ve que yo no soy extranjero en España hijo, se tiene usted que adaptar, aquí se llama NIE o a la puta calle, oiga que yo de puto no tengo nada, vengo a sacarme el NIE ese, oiga atiéndame ya, ahorita, será ahora mismo, lo de ahorita me suena a telenovela y ya perdió su turno, vuelva a la fila cuando tenga todos los requisitos por favor, que entorpece el procedimiento, pero pana es que no ha entendido, no NO soy su pana, haga el favor de traer todos los requisitos y vuelva con ellos a sacarse el NIE, ¡siguiente!

Venezuela es un País bonito, lo que pasa es que uno de los Estados, el predominante, es un Estado narcotraficante-comunista-criminal que destruyó completamente lo poco que tenían de República, lo hizo desde adentro y actualmente no está dejando en pie a la antigua Nación venezolana, lo que llamaban Venezuela, como sigue dándose a conocer en algunos mapas mundiales. Para simplificar la idea del cambio quiero poner con un diálogo de Los Simpsons, tú sabrás si le resta o no credibilidad a la idea controvertida que estoy por soltarte.

— (Clancy Wiggum, el jefe de la policía, vamos) - No se preocupen niños, serán enviados con una buena familia adoptiva.
— (Cletus Del Roy Spuckler con su esposa/hermana y algunos de sus 30 hijos- el paleto subnormal que tuvo hijos con su hermana) - Chiquillos, conozcan a su nuevo hermano y hermana. Valen 5 dólares diarios que nos paga el condado.
— (Bart) - Soy Bart y ella es Lisa
— (Cletus) - Esos son nombres citadinos, a partir de hoy serán Dingus Squatford Jr. y Pamela E. Lee.
— (Lisa) - ¡Pero me gusta mi nombre!
— (Esposa/hermana de Cletus) - ¡Cállate Dingus!

"The Frying game", Temporada 13, capítulo 21: http://gamovideo.com/ub1omrvz4mlh, desde el minuto 13:57.

Y Venezuela ya no es Venezuela, es Bolivariana de Venezuela.

Si no entiendes la importancia de la línea anterior por sí sola, puedes asociarla con el diálogo. Si aún no las asocias te la explico con un ejemplo: ya el país dejó de llamarse A, ahora se llama B. Ya no son Acianos, son Beanos. Ya no son Venezolanos, son Bolivarianos o Bolivarianos venezolanos. No se llama "República de Venezuela Bolivariana" con el Bolivariano como adjetivo, es "República Bolivariana de Venezuela" en el que puedes quitar el "de Venezuela" porque sobra. Podrás en el futuro decir "República de Bolívar" y ser Bolivariano y es lo mismo que ahora, pero los engañaron y se engañaron al creer que siguen siendo venezolanos. Podría llamarse "República Arrecha de Venezuela" o "República de Venezuela Arrecha", la primera da a entender que hay una República Arrecha dentro de otra llamada Venezuela. Así tenemos el subconjunto "Arrecha" y la parte no nombrada, el conjunto "Venezuela". La segunda suena a: "carajo, los de Venezuela son venezolanos y son arrechos". Como diría un español fino, de los que abundan, se las metieron doblada.

¿Que por qué y cómo le cambiaron el nombre? Ya la historia te lo contará, pequeño. Pero si a un país le cambian el nombre y los símbolos, deja de ser quien era. No se trata de una renovación, de un maquillaje, es quitar para poner nuevo y lo que encontré fue novedoso para mí, dos naciones en un mismo territorio, una de ellas agoniza, desaparece, la otra llegó muy rápido a la barbarie, a la miseria, hecha a la medida de la mentalidad perezosa del venezolano llanero Chávez.

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·*arrecharse: se molesta, arrabiato, se encoleriza y mucho.

abril 11, 2016

lunes, 20 de junio de 2016

Mi secreto en Margarita - Parte I

Damos la bienvenida a Scotos, un globetrotter en toda regla, quien al haber visitado recientemente la Isla de Margarita (Venezuela) luego de haber transcurrido cerca de 9 años de su partida de ese lugar, nos narra su experiencia, sus vivencias y al mismo tiempo comparte con nosotros cómo ha visto al país tras su breve estadía en él. 



«Regresé a un país que ha extraviado su cultura general, su cultura gastronómica, sus valores y se dejó meter otra nacionalidad.»



Parte I. Comerse hasta la cultura general

Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien: comienzo con una linda metáfora que de alguna forma describe mi reciente y largo viaje a la Isla Margarita. No es que me hayan salido tantas canas, pero ya vienen en camino, y también se pronuncian las entradas. Debo decirlo, había vuelto antes en cortas estadías siempre evitando Caracas, pero para hacerme el importante digamos que este ha sido un volver de negocios, un viaje especial porque me ha dado la ocasión de reencontrar lienzos perdidos de mi feliz adolescencia; en efecto, sólo en lo positivo, este ha sido un viaje en el tiempo.

En anteriores ocasiones había podido visitar la isla y mientras tanto aprovechaba de vacacionar en un económico paraíso caribeño. Muy a pesar de su inseguridad, iba siempre evaluando la posibilidad de una pequeña inversión en una casita o terrenito, en un nuevo País que, con una mayoría de valores izquierdistas, está dejando de creer en la propiedad privada. Ahora, después de unos 8 o 9 años desde mi última larga estancia, gracias a las recomendaciones de mis tías que aún sobreviven en la isla he podido conseguir algo, reduciendo el temor a ser invadido y perder la pequeña inversión que va segura, a paso lento. Mis planes de retiro en la Isla Margarita van sotavento norte, o como dirían allá, van pa'lante, a paso de vencedores.

Para el que no lo sabe, esta pequeña isla se encuentra en el mar Caribe de Venezuela y está llena de venezolanos, quienes en su mayoría trabajan para italianos y árabes*, por lo que, para su desgracia, a esta tierra le toca una enorme dosis de esa cultura en proceso de mutación y erradicación. No será fácil para el venezolano que lea esto (marico el que lo lea, porque es que tienen un problema bastante feo con la subvaloración de lo homosexual y no, no soy homosexual), pero para mí sí será fácil escribirlo: aunque a donde voy siempre soy un turista en chancletas y tengo la razón en todo, la gente tiende a ofenderse fácilmente cuando le hablan mal de su país, de su gobierno o de cualquier cosa relacionada con su idiosincrasia. Es normal y corriente, comienzan engañándose a sí mismos desde chicos acerca de la pertenencia a la fuerza a un pedazo de lugar y terminan empeñando gran parte del juicio defendiendo políticas, economías o religiones que están reñidas con la naturaleza misma del ser humano. Haber podido venir a Margarita desde que soy un niño ha sido mi cura a muchas taras endógenas. Venir y poder encontrarme con ese, mi ser interior, en chanclas, y a bañarme en la playa, en calzoncillos, me ayuda a burlarme de los problemas de los citadinos del primer mundo y su angustia por resolver problemas creados por intentar resolver problemas inventados.

Como soy un desconocido, hasta para mí mismo, y en vista de que he decidido mantenerme como tal por mi propia seguridad, es momento de prologar esto para darle más veracidad a mi historia. Poco he vivido en donde nací, en Córdoba -Argentina- así que realmente nací en cualquier parte que mi mente recuerde ese día. Fuera de Córdoba he vivido en Barcelona (la de España), Madrid, Molise, Leipzig, Berlín, Praga, Bogotá, Medellín, el Amazonas profundo (a ambos lados de la frontera Brasil-Venezuela), La Guajira, Margarita, Pinar del Río y en La Habana; además de otros lugares en los que he estado por trabajo o de turista. Cuando digo vivir es que han sido más 8 meses en ese lugar, un bloody año escolar, sin poder decir que tengo buenos amigos de la infancia, porque nunca había tiempo para eso. El desapego me viene de niño, me sacaron pronto de la teta de mi madre y me pusieron a correr a caballo como indirecta para que me fuera pronto. Y pronto me fui a buscar otras tetas sin paraísos. Como es lógico, ahora pienso que no pertenezco a sitio alguno. Nunca me he sentido superior o inferior a nadie que haya pasado toda su vida en un solo lugar, ambas vidas tienen su lado positivo y antagónico. En la vida sedentaria se crean hábitos lindos, conoces íntimamente a gente que ves con mucha frecuencia. Opinas de los hijos de tu carnicero o sabes cómo le ha tocado vivir con una madre enferma durante más de 20 años a la que te vende los puchos. Esos eran cuentos de mi madre, no míos. No sólo conoces bien a otras personas, es que tienes la oportunidad de afectar sus vidas positivamente, ayudándolas de alguna manera. De la otra forma, de la mía, siendo un nómada, sólo puedes desarrollar una empatía por los problemas ajenos que no pasan de unos sinceros y sabios consejos, una palmadita en el hombro o una posterior cogida taciturna, porque claro, es excitante cogerse a un extranjero al que no tendrás que volver a ver al día siguiente. Conoces de todo, hueles de todo, pero digamos que a veces superficialmente. Lo del olor es cosa mía, ya lo sabrás si me lees los tuits, lo de esta manera de relatar me viene de Bryce Echenique y su Martín Romaña.

Caso distinto ha sido el de Venezuela, que he tenido que visitar muchas veces y sumando los tiempos y la intensidad, Isla Margarita es el territorio donde más tiempo he pasado en esta vida chupando teta. Estando allí a veces me siento venezolano, margariteño, isleño, por muchas razones que van más allá del venezolano y del margariteño (no vengo a aumentarle el ego a los venezolanos) y que intentaré explicar aquí y es el por qué estás aún leyendo esto, porque te gusta el cotilleo ¿a que sí? y saber por qué diablos un extranjero dice sentirse "de un país" al que tanto critica; porque claro, con todo lo que lees te conoces un poco más a ti mismo a través del otro; que otro piense o sienta algo para estar de acuerdo o no con él, para sentir empatía o recelo, para sentir envidia, para copiarle, para odiarle, en fin, para intentar explicar eso que no entiendes o que entiendes y necesitas que alguien lo entienda también (o tan bien) como tú lo entiendes.

Mira bien, que el cuento es largo. Como ya he dicho, he "vivido" en varios lugares del mundo y por razones obvias, he tenido que comer en ellos sus comidas autóctonas para cada hora del día. Pronto entendí que el desayuno es la comida más importante, sobre todo si es la única que podrás hacer durante 24 horas. Así que siempre me he procurado un muy buen desayuno a cualquier lugar donde he ido. Es lo primero que planifico. "A dónde fueres come lo que veres" es mi lema y como verás no soy de muchas luces, las pocas que tengo me iluminan solamente unos metros más allá mi propio camino. Así que aquí va la primera de mis opiniones controvertidas: nadie en la puta vida me podrá contradecir que el mejor desayuno es el venezolano: unas arepas con huevos rotos (revueltos), o fritos, y tocineta, mantequilla, queso guayanés, jamón cocido, palta (aguacate), frijoles negros (caraotas); o una cachapa con queso telita o de mano o con asado (asado de allá) o pernil al horno (madre mía, el pernil) o carne mechada o todo junto y un buen zumo (jugo) natural, batido de fresa, papaya (lechoza) o melón, con o sin leche y más, mucho más como las empanadas o los pastelitos; es que nadie en su sano juicio puede evitar comer tantas cosas ricas. Sólo de recordarlas se me eriza la piel. Nadie, como decía, nadie me puede contradecir en ello, excepto ¡ta ta! una venezolana pajúa**. Es que es muy común encontrarse al venezolano necio, pajúo, una enfermedad que no distingue posición social o religión o color. Y no es sólo lo común, lo que más me jode es el peso que han ganado en la "toma de decisiones nacionales".

A lo que voy. Después del chamuyo habitual, una vez llegada la ocasión de hacelelamol con esa chama (pajúa), me fue tan placentera su presencia y el olor de su cuerpo y el de su sexo y sus hermosas tetas operadas, que decidí pedirle se quedara a desayunar, aprovechando que por fin yo estaba en mi pequeño departamento de turno. Esa mañana yo tenía mucha hambre, porque poco había desayunado el día anterior y el alcohol de la noche me había abierto un agujero negro, de los que gruñen y causan dolor, no como los de Stephen Hawking, sino como los de Stephen King. Además tenía muchas cosas en la despensa tan poco usada y por lucir mi ego (otra vez) el agasajo llegaría hasta nuestra cama en forma de un enorme desayuno que hice con arepas, jugo, auténtico café expreso*** con leche entera, quesos, mantequilla del Lactuario de Maracay (la mejor mantequilla del mundo que viene en un envase de oro (nótese la hipérbole, para que entienda bien la clase de mantequilla de la que le hablo), carne mechada y palta. Las arepas eran de las gruesas, de las gorditas le dicen, así que sacarles el relleno y combinarlo con mantequilla puede ser un guilty pleasure para algunos. La chama (pajúa), con las tetas fuera de la sábana, de hermosos pezones que relamí con ganas, eran preciosos, como si se les hubieran hecho cirugía con un pincel, porque todo en ella era precioso y creo que retocado, viene y me mira de reojo, con la cara llena de asco. En el momento pensé que lo gorditas de las arepas iba en contra de sus flacas creencias y de sus costillas expuestas, pero me dice que ese desayuno ordinario no es lo que esperaba de un hombre refinado de mundo, que ella quería té y galletas y mermeladas y miel y cereal alto en fibra y queso feta y la puta madre que parió ese color de piel y sus lunares y las largas piernas y el perfume de su cuello y la manera de partir la mandíbula al protestar mientras yo le partía la crisma en mi cabeza. Ni perdón ni olvido, se llamaba Isabela Ramos, la de las grandes tetas elegantes, no olvidaré su nombre, le perdonaré porque me dejó todo el desayuno para mí solo, cuando salió muy ofendida por mi silencio, oronda, dejando de verle el hermoso culo por un buen portazo y yo feliz, mi comida y yo, como Platero y yo, pero de arepas y mantequilla, arequilla y yo éramos felices una vez más, solos otra vez.

Generalmente acostumbro informarme sobre el país al que tengo que ir, especialmente sobre Venezuela, no sé para qué, igual allí pasan muchas cosas inverosímiles en un solo día y ya la gente tiene atrofiada la memoria y el criterio. Esto es para cerrar la historia de esta parte, porque me gusta dirigir al lector a donde yo quiero que vaya y que no se me monte en el árbol de las indecisiones, porque uno más uno es dos y ya dije mi primer uno y el otro uno es que venía leyendo una matriz de opinión en Twitter, antes de llegar a este país, sobre la arepa y su nacionalidad, que crearon y fomentaron algunos tuitstars. Entre comentarios por aquí y por allá encontré muchos venezolanos pajúos, más de lo que podía creer, que eran como las bacterias esas que se hacen mayoría rápidamente en los experimentos bajo el microscopio. Afirmaban con vehemencia que la arepa no era venezolana y que no tenía por qué ser reconocida como tal. Y bueno, ni perdón ni olvido, el asado no es argentino, quizás algunos Tehuelches muertos de hambre y frío lo inventaron hace siglos, pero es lo único que sabe comer el argentino ahora (eso y la harina de trigo mojada con agua en forma de espagueti) y por alguna razón es lo que ha hecho famosa a su (pobre) oferta gastronómica. Piénsalo, Argentina-Asado, no se desasocia fácilmente.

Parte II.

Aquí llega el dos. Sugiero al venezolano que siga un mejor ejemplo, como el que Brasil dio. El de Caracas, bala y malandros, parece que les hizo doblar en una esquina equivocada, por un callejón comunista, todo un Breaking Bad sin ninguna gracia. Brasil, por ejemplo, cogió las chanclas bobas flip-flop de toda la vida y las llamaron "Havaianas", sin preguntarse con ese tono estúpido de pajúo letrado: ¿será que los amerindios usaban chancletas mientras se inventaron la arepa? ¿Será que no podremos registrar la marca porque también se usan en Colombia, al igual que la arepa? No seas estúpido, letrado bobalicón, maldición, en Venezuela perdiste la batalla cultural y ni siquiera te enteraste. Los comunistas te invadieron, estás invadido hasta la médula, y si te lo grito tampoco te vas a enterar, y eres un tonto útil cuando ni te pones de acuerdo tan siquiera para apropiarte de tu propia arepa. Ni pensar para lo que quedó el petróleo que ya tiraste al caño de la miseria histórica en la que se sumergió tu país.

Bien por ti si te enteraste de mi conclusión y no estás con un "peeero" largo, pajúo, entre sien y sien mientras me lees.  Mientras el venezolano se decide si hacer o no de la arepa, o la cachapa o el casabe o la naiboa un baluarte de su cultura general y arrebatárselo a cualquier otro en el mundo y venderlo, por dios, venderlo y ganar dinero por ello, vengo yo y se lo digo de otra forma: o se apropian del nombre de la arepa y lo comercializan y hacen Arepa©  o Arepa™ o Arepa®, alguien vendrá y se comerá las ganancias. Por ahora uno consigue en Praga arepas congeladas hechas en Colombia. Una mierda.  Mi sueño: que las arepas vengan de Venezuela, gordas, flacas o listas para freír. Digo "mi sueño" porque quiero apelar a las emociones del lector venezolano como mi último recurso, porque de razones entiende mucho, es un astuto en todo, pero éstas no lo mueven nunca a la acción.

La gastronomía es uno de los tantos valores que define a la cultura general y si tienes muchas bacterias en ello, pues tu cultura estará enferma y comprometida. Si no se pone de acuerdo a toda la población en algo tan básico como lo son las costumbres y orígenes alimentarios, se estará condenado al fracaso, como así ha sucedido en Venezuela. Más ahora que la harina (Harina Pan le dicen) con la que se hace la arepa está siendo erradicada de la riqueza social y cultural de su país. Mientras en el mundo conocen los tamales, un bollo burdo, la hallaca permanece desconocida en las altas y bajas esferas gastronómicas. Mientras el mundo come Harina Pan hecha en EE.UU o Colombia, la gente de Venezuela debate cómo deben hacer la cola para comprarla, si de pie o rezando de rodillas para que el comunismo muestre su mejor cara de una buena vez. 

Eso, que se han dejado arrebatar los pocos valores y más ahora que tienen doble nacionalidad en un mismo territorio, lo que les duplica los problemas, porque duplica la cantidad de pajúos en ambos bandos nacionales; no os dáis de cuenta, como diría un español culto, que se han convertido en un país de gente obesa, aletargada por los carbohidratos y las fumigaciones de humo de los paleros; gente que se comió hasta su cultura general y creó otra nacionalidad porque el petróleo nunca les fue suficiente para sostener la que ya tenían. Es un país feliz, decían, con el chiste oportuno en la flor de solapa y chorrito de agua, que van por el mundo con sonrisa fácil, desapreciándose a sí mismos.

Repito mi dos, para que no te pierdas en esta parte que no va de tetas, regresé a un país que ha extraviado su cultura general, su cultura gastronómica, sus valores y se dejó meter otra nacionalidad. Eso lo intentaré resumir en la siguiente parte.

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* Perdonen la generalización, no es mía, es un nombre que bien puede servirle a un paquistaní, sirio, árabe, indio, etc, que sea dueño de un comercio.

** Una combinación de ladino, taimado, tonto, chismoso, hablador, pendejo, ignorante y necio.

*** A donde voy, lo primero que hago es hacerme con una máquina expresa pequeña.

Abril 04, 2016

lunes, 17 de agosto de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Ángelo y Sarai (Vídeo)

Damos la bienvenida a Ángelo y Sarai, venezolanos radicados en Chile, quienes nos narran algunas de sus vivencias antes de dar el paso definitivo de emigrar y cómo ha sido su vida en Chile tras esa decisión. Al mismo tiempo, nos ofrecen unos excelentes consejos acerca de lo que implica la emigración y cómo sobrellevar la vida como inmigrante en otro país.  


«Hagamos de esto una experiencia de vida, involucrémonos y seamos capaces de ser unos ciudadanos ejemplares en lo posible». Sarai.
 
 
 «Si llegas a un lugar nuevo, únete a él». Ángelo.
 
 
 

 

domingo, 26 de julio de 2015

Para nacer hay que romper un mundo, o dos - Oxxana

Damos la bienvenida a Oxxana, venezolana radicada en Canadá, quien nos narra su emotiva experiencia como emigrante.


«He aprendido de los países en los que me ha tocado vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, mas sí de la gente. Es como un fenómeno de ósmosis, dar y recibir. Trato de dar lo mejor de mí, para reconciliarme con mi gentilicio y no crean que todos los venezolanos somos la degradación en la que nos han convertido los invasores que nos han depredado el alma y nos dejaron irreconocibles».
 
 
Imagen cedida por Oxxana
 
Keyla apareció un día y me invitó a escribir en su blog algo sobre el exilio.

Después de un año fuera de Venezuela fui tranquila, con mis fantasmas dormidos, a darle un vistazo al blog, a leer lo que escribían los venezolanos que se han ido.

Sólo pude leer dos. No lo resistí.

A medida que le leía sentía revivir lo que creía superado, como las heridas que crees curadas hasta que las tocas y te das cuenta que no. Me había prometido a mí misma no regodearme más en el morbo de las separaciones y los adioses. Había que afrontarlos y ya.

Pero la mente no funciona así. Quedaba algo pendiente, suspendido, que las exigencias de lo cotidiano me ayudaban a evadir. Y lo agradecía. No quería extrañar a nadie ni llorar más. Tenía una tarea y la iba a cumplir, la tarea de reconstruirme a mí misma. Ya que no pude reconstruir el país me iba a reconstruir yo.

Sólo se reconstruye lo que está roto y yo lo estaba, nadie sabía cuanto. Ni yo.

Irme de Venezuela era una idea que me inculcaba mi familia diariamente. Pero no pasaba de ser eso, una idea a la que yo sabía esquivar hábilmente. No estaba preparada, tenía mucho que hacer, mis actividades políticas en el movimiento estudiantil y mi trabajo me mantenían en una vorágine que no me permitía ver más allá. Me puse en riesgo yo y a mi familia. Pero lo valía. Creía. Tenía fe. La mística del grupo me impulsaba y yo a ellos. No nos quitarían nuestro futuro. Invasores malparidos hijos de puta. Los muertos, sabía que los habría, en toda guerra los hay. Las traiciones, esas no. Esas no las sabía. Destruyen como la muerte pero peor porque te dejan viva para que las sufras y las aprendas.

Dice un vendedor de libros: el universo a veces conspira a tu favor. En medio de la decepción y luego de varias entrevistas a larga distancia en las que puse poco empeño e interés, un día tuve trabajo en Chile. La idea de irme me la convirtieron en realidad. No había tiempo para estar preparada, tenía que estarlo. No había tiempo para sentir ni para estar triste ni para mirar a los lados. Era ahora o nunca. Y fueron ambas: para algunas cosas fue “ahora” y para otras “nunca”.

Seis meses en Chile me dieron soledad y tranquilidad. Descubrí lo que ya intuía: Venezuela te entrena para sobrevivir en cualquier parte. Si superas a Venezuela, en un país normal eres un as. Lo digo sin arrogancia. Lo digo porque si eres profesional y te permiten desarrollarte, lo haces bien, seriamente, sin tratar de imponer tu idiosincrasia, terminan respetándote. Respeto, sí, eso sentí. Palabra que en Venezuela se perdió.

Luego me trasladaron a Canadá y aquí estoy. Desarraigada como siempre pero algo más feliz. A nadie le importa de dónde vienes ni qué has hecho antes. Un país extranjero no está diseñado para hacerlo a uno feliz. Está diseñado para hacer feliz a su gente, cuando mucho y con dificultades.

He aprendido de los países en los que me ha tocado vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, mas sí de la gente. Es como un fenómeno de ósmosis, dar y recibir. Trato de dar lo mejor de mí, para reconciliarme con mi gentilicio y no crean que todos los venezolanos somos la degradación en la que nos han convertido los invasores que nos han depredado el alma y nos dejaron irreconocibles. Trato de reconciliarme conmigo misma por lo que dejé incompleto y perdí. No es fácil, tengo retrocesos, me culpo por cosas. Me perdono otra vez y en ese círculo vivo. Estoy parada de otra manera ante la vida, menos cínica, menos odiosa, me quiero más. Y por lo tanto a los demás también.

No desprecio a mi país. Desprecio a los que no lo han sabido querer, a los que lo han entregado sin escrúpulos ni moral.

Dice Hermann Hesse que para nacer hay que romper un mundo. Mi dificultad ha sido no querer romper nada y mantener dos mundos en mí, y como no me gustan las cosas fáciles alimento mi masoquismo contradiciendo  a Hesse. Hasta que aguante. Quiero regresar a Venezuela algún día, no como turista sino para quedarme. Esta vez me fui yo, alguna vez se irá el invasor. Tengo mucha vida por delante y a él se le está acabando. Vamos a ver quién gana al final.

En el exilio todo intento de arraigo se considera traición. Es el reconocimiento de la derrota. Esa es la herida que cuando toco me sigue doliendo. También lo estoy superando y lo descubrí gracias a Keyla que un día se apareció y me pidió que escribiera algo en su blog.-

domingo, 12 de julio de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Victoria Guerra

En esta ocasión, le damos la bienvenida a Victoria Guerra, venezolana radicada en Buenos Aires, quien nos cuenta su vida como emigrante.


Nombre: Victoria Guerra.
Edad: 25.
Profesión: Politóloga de profesión, escritora de oficio.
Nivel de estudios: Universitario.
Lugar de nacimiento: Caracas, pero viví en Maracaibo toda la vida.
País de residencia: Argentina (en Buenos Aires).

 
 
«Hay mucha gente que se va físicamente pero emocionalmente sigue pegada en Venezuela y, aunque a veces sea duro, hay que intentar darle una oportunidad al país que te recibe».
 
Victoria junto a su novio.
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Honestamente, nunca tuve planes de quedarme en Venezuela. Básicamente esperé a tener un título, pero desde hacía muchos años quería irme.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí, estaba trabajando en una agencia de marketing en Maracaibo.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
Tuve bastante suerte en Venezuela en ese aspecto, apenas me gradué conseguí trabajo en una de las agencias de publicidad más importantes de Maracaibo, no me fue bien y conseguí otro trabajo pronto; no ganaba un buen sueldo (particularmente en la primera experiencia laboral), pero me fui de Venezuela apenas ocho meses después de graduarme, tampoco era realista esperar un sueldazo. Por suerte, no me hacía falta tampoco.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
A las pocas semanas de llegar, conseguí un trabajo a medio tiempo que paga bastante bien y lo hago desde casa, allí sigo; de un mes para acá, también tengo otro freelance que me ocupa un par de horas al día. A veces termino de trabajar tarde en la noche y es duro, pero me da la oportunidad de ahorrar y vivir cómoda.
 
¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Mil veces. También es que esta es una ciudad enorme y como tal hay muchas oportunidades (y también mucha competencia, hay que admitirlo), además que el mismo rollo cosmopolita en Buenos Aires quita mucho ese enfoque general relacionado con las tonterías de imagen que en Venezuela son mucho más importantes de lo que deberían.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Echo de menos a mis amigos, a mi gato, a comer parrilla los domingos con mi familia; pero a Venezuela particularmente, no.
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
La gente es mucho más abierta, le hace menos caso cosas que a mí me parecen normales como vivir en pareja sin estar casados o tener piercings o tatuajes visibles. Sonará como una banalidad, pero ese cambio de actitud a mí, por lo menos, me deja mucho más tranquila y menos auto-consciente.
 
¿Y lo que menos te gusta?
El gobierno de Cristina Kirchner, los peronistas y toda la gente que vive convencida de que Hugo Chávez le hizo un favor a Venezuela, que en Argentina no son pocos y están súper dispuestos a hablarte de lo bueno que fue que Chávez le quitara el poder a los ricos.
 
Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?
No.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Muy. Llevamos menos de un año en Buenos Aires y tanto mi novio como yo estamos trabajando, vivimos juntos en un país donde esta situación se ve como normal, podemos alquilar un apartamento bonito en una buena zona y comer fuera, incluso de vez en cuando ir a algún concierto -todo eso sin miedo a que nos atraquen en cualquier esquina-.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Creo que me da más por preocuparme por mi gente directamente, me he convertido en la mamá a distancia de mis amigos: vivo con el estrés de que siempre les va a pasar algo, que les roben el carro o no consigan acetaminofén  (medicamento) o qué sé yo.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Sí, siempre tuve el plan irme, aunque más que a Argentina, quería Europa o Estados Unidos. Quizá eventualmente nos vayamos para el norte, le tengo algo de desconfianza a la estabilidad de América Latina, la verdad.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Es tan válido quedarse como irse, es una decisión de vida, por lo cual nadie tiene derecho a reprochártela y, aunque hayan muchísimos que salgan con el discurso de que le estás "dando la espalda" a Venezuela, tienes derecho a hacer tu vida como te parezca mejor.
Otra cosa es que, una vez afuera, las reglas de juego cambian y ya no tienes el "nombre" que tenías, por lo que hay que llevarlo con un poquito de humildad y respetar las reglas del país que te está dando hogar.
Por último, hay mucha gente que se va físicamente pero emocionalmente sigue pegada en Venezuela y, aunque a veces sea duro, hay que intentar darle una oportunidad al país que te recibe y recordar que si te fuiste de Venezuela es porque sabías que no ibas a estar tranquilo allá.-

domingo, 28 de junio de 2015

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Ana Bortolussi

Desde No hay fronteras, damos la bienvenida en esta oportunidad a Ana Bortolussi, venezolana que emigró a Argentina, quien nos narra su experiencia desde el exilio.
 
 
«Irte es un gran crecimiento personal, aunque a veces duela
 
Ateneo Grand Splendid - Buenos Aires
 
 
Nombre: Ana Bortolussi.
Nivel de estudios: postgrado.
Lugar de nacimiento: Valencia, Venezuela.
País de residencia: Argentina.
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Tenía años pensándolo, pero estaba realizando estudios de postgrado y sabía que, de irme, probablemente no ejercería mi carrera, al menos por un buen tiempo. Los
sucesos de 2014, acaecidos en el país, cambiaron todo.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Sí, trabajaba en el ejercicio independiente de mi profesión.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
No, como abogado siempre hay trabajo. El problema radicaba en que, aunque estuvieses cómodo económicamente, eso no se transformaba en poder adquisitivo.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Agridulce, pero me aseguro a diario que vale la pena. Buenos Aires tiene sus momentos geniales, hay muchas actividades culturales, camino de noche sin miedo y tengo amigos que me han apoyado incondicionalmente; en ese sentido soy más feliz de lo que era en Venezuela. Actualmente trabajo en ventas en un Call Center lo cual es una lección de humildad, te quitas el ego y entiendes que en ese instante eres uno más, no importa qué tan preparado estés. Eventualmente me gustaría trabajar en algo mejor, quizás a futuro en algo relacionado con mi carrera.

¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales,  son mejores en tu actual lugar de residencia?
Conseguir trabajo acá no es fácil, pero con un trabajo a tiempo parcial, cubro todos mis gastos (residencia, comida, transporte) ganando menos del sueldo mínimo. Eso es impensable en Venezuela. Socialmente veo similitudes, pero acá hay menos violencia y por los momentos, es un buen sitio para vivir.
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
Venezuela para mí es un concepto etéreo. Extraño a mi familia, a los amigos que dejé, las cachapas, empanadas, tequeños (platos típicos venezolanos), la playa, el calor...
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
SEGURIDAD. Camino a las 4am hasta mi casa y hay gente caminando igual que yo. También me agrada que el transporte funcione 24/7.
 
¿Y lo que menos te gusta?
El invierno, me quejo constantemente, ¡jaja!
 
Si las cosas estuvieran mejor, ¿te plantearías volver a Venezuela?.
Probablemente sí, pero creo que pasará mucho tiempo para que haya una mejoría.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Totalmente. He aprendido a valerme por mi cuenta, a apreciar cosas que antes habría dado por sentado. Irte es un gran crecimiento personal, aunque a veces duela.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Mi familia sigue en Venezuela, me duele pensar que tengan que hacer colas para comprar productos, o que mis hermanas no puedan salir sin miedo de que algo les suceda. Mi misión en este momento es sobrevivir bajo esta experiencia y buscar establecerme para que ellas puedan venir a futuro. La impotencia por el país se siente a diario, pero, en mi opinión, no creo que podamos hacer mucho desde el exilio.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
No. Tenía muchos planes y sueños con Venezuela, pero no quise seguir esperando alguna mejora para empezar a vivir.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar:
Hay que prepararse y estar dispuesto a trabajar mucho por lo que queremos.
No es sencillo, pero vale la pena.-

martes, 30 de septiembre de 2014

El exilio desde adentro - Ana Irina Rodríguez

Damos la bienvenida a Ana Irina Rodríguez a No Hay Fronteras, quien desde "El exilio desde adentro", comparte con nosotros sus consideraciones acerca del fenómeno migratorio venezolano.
 
 
«Que allá a donde hayan ido sepan ser todo lo que en Venezuela sentían que no podían. Que no sean eso de lo que huyeron y merezcan sentirse parte de lo que podremos ser un día, después que nos superemos a nosotros mismos».
 
 
Nombre: Ana Irina Rodríguez
Edad: 34 años
Profesión: Chef y Comunicadora Social
Nivel de estudios: Universitarios y técnicos
Lugar de nacimiento: Caracas
País de residencia: Venezuela
 
¿Qué opinas acerca del fenómeno migratorio en Venezuela? 
Es consecuencia lógica de la grave situación socio-económica que atraviesa el país. Está en la naturaleza del ser humano tomar decisiones que apunten a su bienestar y desde ese punto de vista es absolutamente razonable que las personas se orienten en sentidos que representen mayor esperanza al incremento de su calidad de vida. Nadie va a preferir estar donde las probabilidades de desarrollarse o mejorar luzcan imposibles, teniendo la posibilidad de elegir o intentar otro camino (con todas las dificultades que la decisión implique). Y si sumamos a eso los índices de violencia y muerte a manos del hampa, podríamos hasta decir que quien decide irse está sencillamente aferrándose a la vida en su acepción más sana, ya que quienes continuamos en Venezuela vivimos prácticamente cercados por la probabilidad de acabar como una estadística trágica más.

¿Consideras que es beneficioso o perjudicial para el país?
Perjudicial. Pero cuando un concepto tan abstracto como puede ser el concepto de nación compite en orden de prioridades con la propia sobrevivencia, pierde sostenibilidad la consideración.

Durante los últimos 15 años, ¿has tenido que despedir a familiares y/o amigos que se han marchado de Venezuela? ¿Mantienes el contacto con ellos? ¿Qué opinas acerca de su decisión de emigrar?
Familiares no. Amistades sí. Mantenemos contacto, pero la verdad es que la distancia coloca el vínculo tras una especie de vitrina, donde el afecto sigue intacto, pero el alcance del compartimiento queda suspendido en un hilo cuyo tejido pierde cierta trama ante las limitaciones y conformidades que obliga la distancia. Te alegras, por supuesto, cuando sabes que múltiples oportunidades y metas de la persona pasaban por irse, o cuando percibes que está feliz en su decisión. Te preocupas cuando piensas en la complejidad de tener kilómetros distanciándote de tus afectos. Especialmente en éstos últimos tres años, que las condiciones del país han colocado la decisión en un estatus muy similar al de la huida de un refugiado, donde personas que jamás hubiesen deseado irse deben hacerlo por necesidad de tratarse de un problema de salud imposible de solventar en el colapso de nuestro sistema de salud, o porque han sufrido episodios traumáticos con el hampa y no desean exponerse a una próxima embestida. En esos casos, la decisión es particularmente dolorosa. Opino que la decisión de emigrar es un acto absolutamente soberano y complejo  que, como tal, no admite juicio. Porque cada cual está en el derecho de decidir el entorno que condicionará su existencia.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir en Venezuela cuando una parte importante de la juventud desea irse del país?
Es desoladora. Sobre todo porque con desarraigo se complica muchísimo construir lo que viene haciendo falta como base común. Y bueno, también da mucha tristeza sondear la idea de un país con la esperanza tan comprometida.

¿Te plantearías irte de Venezuela?
No he dejado de hacerlo en los últimos 10 años. Pero las necesidades diarias e imprevistas han postergado siempre mi plan.

¿Crees que la idea de emigrar y elaborar un plan migratorio resulta fácil encontrándote en Venezuela? 
Para nada. Comenzando por el hecho de que ahorrar aquí es casi imposible y en ese factor económico siempre se ve comprometida  la solidez del plan. A eso hay que sumarle otras múltiples complicaciones desprendidas de acciones de Gobierno y Estado como son el control de divisas, la burocracia del papeleo, la inestabilidad en el manejo de ciertas relaciones diplomáticas, las limitaciones con las aerolíneas, etc.  Si emigrar dependiera sólo de las ganas, hace varios años que ya no estaría aquí.  Sigo trabajando en la forma.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por el país?
Frustración e impotencia son los apellidos de nuestra nacionalidad actualmente. Hago cosas por el país a diario. Cosas como respetar la ética de cada profesión que he ejercido, desarrollar  mi trabajo con amor y dedicación. Cosas como no justificar ni sumar esfuerzo a las acciones que nos carcomen moralmente como nación. Cosas como cambiar lo que me es posible cambiar de forma positiva en mi entorno. No hay una forma única de “hacer país”.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
La magnitud exacta de nuestra crisis social hoy, dejó corta cualquier expectativa imaginable en el pasado. Pero nuestro país lleva mucho más de 15 años cabalgando una crisis moral inconmensurable. Por lo cual es lógico considerar que en algún momento las consecuencias nos alcanzarían.

Por último, un mensaje dirigido a los venezolanos que han emigrado:
Que allá a donde hayan ido sepan ser todo lo que en Venezuela sentían que no podían. Que no sean eso de lo que huyeron y merezcan sentirse parte de lo que podremos ser un día, después que nos superemos a nosotros mismos.-

martes, 19 de agosto de 2014

El exilio desde adentro - Karen Navas

Nos complace dar la bienvenida a Karen Navas a nuestro espacio "El exilio desde adentro". Karen es una estudiante caraqueña que nos da su visión acerca de la emigración venezolana.
 
 
«...Ojalá algún día todos puedan regresar al país que siempre estará esperándolos; después de todo, el venezolano que emigra siempre se lleva consigo un pedacito de país, así quizás cuando volvamos a estar todos juntos, dejaremos de ser piezas regadas por el mundo y podamos armar el rompecabezas que hace tiempo se desarmó.»
 
 
Nombre: Karen Navas
Edad: 23 años
Profesión: Estudiante de Educación, mención Desarrollo de Recursos Humanos
Nivel de estudios: Universitario
Lugar de nacimiento: Caracas
País de residencia: Venezuela
 
¿Qué opinas acerca del fenómeno migratorio en Venezuela? 
Debo decir que me preocupa y me entristece.  Cada vez me despido de más y más conocidos que al marcharse lo que hacen es decirme “no te quedes aquí”, “busca la oportunidad de irte”, “en este país no hay futuro”“¿qué estás esperando para irte?”. Y es que no los culpo ni los juzgo, aquí ya no se puede vivir.
Me preocupa que justo los que quieren un cambio para el país son los que se están yendo o los que tienen planeado irse y me pregunto: si todos nos vamos, ¿quién cambiará esta realidad? La mayoría espera volver cuando la situación del país mejore, cuando toda esta problemática acabe, pero ¿en manos de quién están dejando el cambio que desean ver? Ha sido difícil para mí, y sé que para muchos de los que aún estamos aquí, seguir luchando por un país mejor cuando en esas luchas nos sentimos cada vez más solos; sentimos que, por diferentes circunstancias (entre ellas el “fenómeno migratorio”), cada vez somos menos.
 
¿Consideras que es beneficioso o perjudicial para el país?Totalmente perjudicial, sin duda. Es mucho talento humano el que se ha ido y sigue yéndose, millones de personas con el potencial que Venezuela necesita para salir adelante y que nadie garantiza que regresen.  No es sólo una “fuga de cerebros”,  es más lo que ha perdido el país de muchos de los venezolanos que decidieron o deciden emigrar: la identidad, el sentido de pertenencia, el amor por su tierra y, entre otras cosas, las ganas de querer regresar.
 
Durante los últimos 15 años, ¿has tenido que despedir a familiares y/o amigos que se han marchado de Venezuela?Sí, me ha tocado decirle “hasta pronto” (con la esperanza de que así fuese) a muchas personas entre familia, amigos y compañeros de trabajo. Tuve que despedir hace 2 años a mi tía y fue una experiencia de sentimientos encontrados: por un lado me contentó mucho y me dio muchísima tranquilidad saber que se iría a un lugar con mejores condiciones de vida que las que tenía aquí; sabía que estaría tranquila, segura, con la persona que ama y que tendría las oportunidades de desarrollo personal y profesional que en Venezuela no había conseguido. Por otra parte, sentí mucha tristeza por tener que despedirla, por la incertidumbre que generó decirle adiós sin saber con certeza cuándo volveríamos a encontrarnos, por tener que verla partir del país por el que tanto trabajó y por saber que por la distancia, sería muchísimo más complicado para mí y muchos de la familia compartir con ella esas cosas que no se ven a través de una pantalla de computadora y que no se escuchan ni se sienten igual por medio de una llamada telefónica.
 
¿Mantienes el contacto con ellos? ¿Qué opinas acerca de su decisión de emigrar?Sí, claro, mantengo contacto frecuente con mi tía, el año pasado tuve la increíble oportunidad de visitarla y viajar por primera vez fuera del país;  y, eventualmente converso con algunas de las otras personas de las que me tuve que despedir. La tecnología ha facilitado mucho el comunicarnos aunque el compartir a través de la computadora o el celular realmente nunca será suficiente.
Decidir emigrar, considero, es un acto de valor y determinación. No los juzgo y por difícil que sea, apoyo sus decisiones de emigrar. Celebro el coraje que tuvieron para emprender un nuevo rumbo hacia una vida distinta, una vida mejor; para soltar los amarres, frenar el desapego, dejar atrás su gente, su tierra, la vida que llevaban y las costumbres y tradiciones a las que estaban habituados, en función de poder ser y lograr aquello que sueñan y quieren para sí mismos. Apoyo el no querer resignarse a vivir en un lugar que te limita, en el que todo es limitado, trabajando más para cada vez tener menos.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir en Venezuela cuando una parte importante de la juventud desea irse del país?
Sinceramente la experiencia no es agradable, es incómoda y frustrante. Hay demasiado descontento, rabia, decepción y dolor en el rostro de una gran cantidad de jóvenes venezolanos… es lamentable que una gran parte del futuro de este país, desee emigrar.
Sencillamente muchos no logramos visualizar nuestro futuro en esta Venezuela, la moda hoy en día es hablar sobre: “¿para dónde te vas?, ¿cómo te vas?, ¿cuándo te vas?, ¿qué esperas para irte?”... IRSE, IRSE, IRSE... ese parece ser el pensamiento recurrente, el grito ahogado de muchos de mis amigos, compañeros de estudio, familiares y entorno en general.
 
¿Te plantearías irte de Venezuela?
Lamentablemente sí, es mi pensamiento constante. Ya trabajo en eso.
 
¿Crees que la idea de emigrar y elaborar un plan migratorio resulta fácil encontrándote en Venezuela? 
Para nada. No es nada fácil por como lo veo, pero tampoco imposible. En cuanto a los trámites, aquí todo es un proceso largo, lento y frustrante. Todo es cada vez más limitado, se cierran más y más puertas, las oportunidades que encuentras suelen ser cada vez más inalcanzables y ni hablar de lo que implica económicamente empezar de cero en otro lugar. Ahorrar es sumamente difícil por el alto costo de la “vida” y no puedes asegurar absolutamente nada por lo imprevisible que son los cambios en las medidas económicas y sociales del país.
Aunado a eso, el aspecto más difícil de sobrellevar, en mi opinión, es el emocional; el tener que dejar a prácticamente toda la familia y buenos amigos aquí creo que es la piedrita de tranca (obstáculo) de muchos, al menos es la mía.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por el país?
Si, muchísima frustración e impotencia pero ya basta. La situación de Venezuela es tan aberrante que frecuentemente nos convertimos en la peor versión de nosotros mismos. Tantos sentimientos y emociones negativas a nadie le han hecho bien, la situación país y el contexto en el que estamos han sido factores desencadenantes de tantas malas actitudes, comportamientos y enfermedades.
Sí, he sentido ganas de hacer algo por mi país y lo he hecho. He hecho todo lo que puedo hacer, pero sinceramente estoy agotada; he dejado, al igual que muchos venezolanos, mis energías, mi esfuerzo y mi corazón en los múltiples intentos por cambiar esta realidad. Ahora lo que siento son ganas de luchar por mí y mi bienestar, por lo que sueño y para ofrecerle una vida mejor a mi familia, a la que podré formar en un futuro y definitivamente la decisión es: trabajar para alcanzar mis sueños, independientemente del lugar a donde tenga que ir para lograrlo.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años? La verdad no.
 
Por último, un mensaje dirigido a los venezolanos que han emigrado:
Sólo ustedes que han vivido aquí saben qué es, en esencia, ser venezolano. Espero de todo corazón que estén donde estén, puedan siempre recordar la Venezuela de la que TODOS en algún momento de nuestras vidas nos hemos enamorado. Les agradezco pues han sido ejemplo de valor, coraje y firmeza para muchos de los estamos aquí, para el mundo entero y ojalá algún día todos puedan regresar al país que siempre estará esperándolos; después de todo, el venezolano que emigra siempre se lleva consigo un pedacito de país, así quizás cuando volvamos a estar todos juntos, dejaremos de ser piezas regadas por el mundo y podamos armar el rompecabezas que hace tiempo se desarmó. Los queremos, mi respeto y admiración por ustedes: nos vemos aquí o por allá, cuando yo me vaya.-