Mostrando entradas con la etiqueta inmigrante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inmigrante. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de julio de 2016

Mi secreto en Margarita - Parte II

¿Ya leyeron a Scotos refiriéndose a Venezuela en la parte I de esta entrega? Los deleitamos con la Parte II. 


«...lo que encontré fue novedoso para mí, dos naciones en un mismo territorio, una de ellas agoniza, desaparece, la otra llegó muy rápido a la barbarie, a la miseria, hecha a la medida de la mentalidad perezosa del venezolano llanero Chávez


Parte II. La doble nacionalidad, la doble Nación


Lo dicho, hacía unos nueve años que no venía por tanto tiempo al territorio que siguen llamando Venezuela, la Nación que desapareció. Ahora me doy cuenta que venezolanos van quedando menos, o porque se han ido o porque van cambiado los habitantes. Una parte del dinero del petróleo se ha invertido en construir una nueva identidad, una nueva Nación, destruyendo el poco tejido social que había, estableciendo una nueva estructura política y económica; la otra parte del fondo petrolero se la han robado. Ambas nacionalidades coexisten y se parecen, porque claro, tienen un fondo en común, pero no son lo mismo. Les hacen creer que son lo mismo mientras el comunista invade e impone otra Nación desde adentro, como el parásito ese que invade insectos y los vuelve zombies. Manteniendo a la población engañada con elecciones periódicas, tienen un Estado dentro del Estado, manejado por comunas e instituciones paralelas. Eso del socialismo del nuevo siglo se entendió tarde como el movimiento secesionista que es y que ya venía gestándose con la guerrilla colombiana. Es un movimiento anti-venezolano llamado Bolivarianismo venezolano.

Ahora el territorio-Venezuela, el País, está muy comprometido en asuntos geopolíticos muy superiores al entendimiento común del venezolano que está luchando por conseguir comida a diario. Su consuelo periódico, con un fin ulterior, muy democrático él, muy cívico, muy avant-garde para una sociedad animalizada, es el consuelo de vez en cuando de una masturbada electoral, como los adolescentes que para reducir el estrés y cuando todo lo demás falla, aprenden a masturbarse, pero no le cuenten eso a los católicos y cristianos y muderos y civilistas y demócratas de Venezuela que le pegan un grito al cielo y un puntapié a usted.

No exageremos, que lo de la patada va en serio. El lenguaje no-verbal del venezolano es muy elocuente por sí mismo. Podría irse todo un libro describiendo situaciones que no tendrían la misma gracia que la del momento a describir. Hay que vivirlo. Una mirada fija y un cortísimo movimiento de cabeza hacia arriba no es lo mismo que si se hiciera hacia abajo. Puede pasar que si logras ver cualquiera de esos gestos en la calle seguramente ya te tienen montado en la olla de un atraco; o puede ser otra cosa, es difícil saberlo si no conoces las reglas de este idioma. Para eso quedó la gente, para hablar con gestos porque con palabras se les hace cuesta arriba. Se nota que aprenden a hablar en la calle, donde todo está deformado por coloquialismos y vulgarismos callejeros que se alejan de una educación masiva formal. La comunicación se compensa con la facilidad que tienen para aprender y usar vocablos extranjeros, los entienden, los interpretan, no temen usarlos y hacerlos propios. Ahí es cuando la comunicación vuelve a fluir, porque el venezolano se adapta al extranjero más de lo que yo debería como extranjero adaptarme a él.

No necesito darle veracidad a mi relato, pero sí aclarar que no todos son así. Es un enorme placer sentarse a escuchar a los de la vieja guardia. Tienen otro acento, otras palabras, con un vocabulario más rico. Se les nota la educación al hablar. Algo pasó en los cambios generacionales: ahora si no mantienen una actitud genuflexa al pedir algo, entonces lo hacen desde la altanería y los gritos. Pareciera no haber términos medios, creo que al venezolano no le gustan los términos medios, ni con los precios, o la cocción de la carne, el tamaño de los implantes de tetas y nalgas (dios mío, de nalgas, qué cosa más horrible), el precio de la gasolina o la cantidad de cerveza que pueden tomar sentados, yo que me tomo una o dos botellitas y éstos se compran una o dos cajas de 36 botellas cada una.

Pensándolo mejor, el término medio es el chistecito fácil, el humor, que pasa con frecuencia a la burla denigrante; la levedad con la que asumen el día a día, la cosa pasivo-agresiva detrás del sarcasmo. No vengo a justificarlo, no soy quien para hacerlo, pero me daba vergüenza. El hombre nuevo de la nueva Nación tiene mucho del viejo y una estrella adicional en su otra nueva bandera.

Para hablar de nacionalidad y del concepto de Nación, debes traer claros esos conceptos jurídicamente. No tengo ganas de hacerlo aquí, pero sí tienes que saber que País es distinto de Nación y distinto de Estado. Personalmente creo que en Venezuela todavía no tienen claro esos términos. De hecho no tienen claro muchas cosas porque todo lo llaman de varias maneras distintas y, como son locos y se entienden entre ellos, pues entonces según cada situación van adaptando los términos. Luego los veo más locos cuando salen al exterior, donde cada cosa tiene su nombre propio, literalmente, y ellos insistiendo en cambiarle el nombre y el extranjero que no es extranjero en su tierra le ve con ojos raros mientras este se arrecha* porque qué bolas, este extranjero no me trata como un pana; si estuviera en Venezuela le echaría un chistecito, yo sí que le intentaría entender mientras me explica la cosa, pero la cosa afuera se complica y la cosas no se llaman cosas, tienen nombre, vengo a sacarme el DNI en España, la cosa esa, la cédula, no hijo-de-bolívar, a tí te sale NIE, no insista, es usted extranjero, pero es que es lo mismo, es la cédula, en mi país la cédula es la misma para el nacional o el extranjero, sólo que es amarillo mierda para los extranjeros (entienda la indirecta), no ve que yo no soy extranjero en España hijo, se tiene usted que adaptar, aquí se llama NIE o a la puta calle, oiga que yo de puto no tengo nada, vengo a sacarme el NIE ese, oiga atiéndame ya, ahorita, será ahora mismo, lo de ahorita me suena a telenovela y ya perdió su turno, vuelva a la fila cuando tenga todos los requisitos por favor, que entorpece el procedimiento, pero pana es que no ha entendido, no NO soy su pana, haga el favor de traer todos los requisitos y vuelva con ellos a sacarse el NIE, ¡siguiente!

Venezuela es un País bonito, lo que pasa es que uno de los Estados, el predominante, es un Estado narcotraficante-comunista-criminal que destruyó completamente lo poco que tenían de República, lo hizo desde adentro y actualmente no está dejando en pie a la antigua Nación venezolana, lo que llamaban Venezuela, como sigue dándose a conocer en algunos mapas mundiales. Para simplificar la idea del cambio quiero poner con un diálogo de Los Simpsons, tú sabrás si le resta o no credibilidad a la idea controvertida que estoy por soltarte.

— (Clancy Wiggum, el jefe de la policía, vamos) - No se preocupen niños, serán enviados con una buena familia adoptiva.
— (Cletus Del Roy Spuckler con su esposa/hermana y algunos de sus 30 hijos- el paleto subnormal que tuvo hijos con su hermana) - Chiquillos, conozcan a su nuevo hermano y hermana. Valen 5 dólares diarios que nos paga el condado.
— (Bart) - Soy Bart y ella es Lisa
— (Cletus) - Esos son nombres citadinos, a partir de hoy serán Dingus Squatford Jr. y Pamela E. Lee.
— (Lisa) - ¡Pero me gusta mi nombre!
— (Esposa/hermana de Cletus) - ¡Cállate Dingus!

"The Frying game", Temporada 13, capítulo 21: http://gamovideo.com/ub1omrvz4mlh, desde el minuto 13:57.

Y Venezuela ya no es Venezuela, es Bolivariana de Venezuela.

Si no entiendes la importancia de la línea anterior por sí sola, puedes asociarla con el diálogo. Si aún no las asocias te la explico con un ejemplo: ya el país dejó de llamarse A, ahora se llama B. Ya no son Acianos, son Beanos. Ya no son Venezolanos, son Bolivarianos o Bolivarianos venezolanos. No se llama "República de Venezuela Bolivariana" con el Bolivariano como adjetivo, es "República Bolivariana de Venezuela" en el que puedes quitar el "de Venezuela" porque sobra. Podrás en el futuro decir "República de Bolívar" y ser Bolivariano y es lo mismo que ahora, pero los engañaron y se engañaron al creer que siguen siendo venezolanos. Podría llamarse "República Arrecha de Venezuela" o "República de Venezuela Arrecha", la primera da a entender que hay una República Arrecha dentro de otra llamada Venezuela. Así tenemos el subconjunto "Arrecha" y la parte no nombrada, el conjunto "Venezuela". La segunda suena a: "carajo, los de Venezuela son venezolanos y son arrechos". Como diría un español fino, de los que abundan, se las metieron doblada.

¿Que por qué y cómo le cambiaron el nombre? Ya la historia te lo contará, pequeño. Pero si a un país le cambian el nombre y los símbolos, deja de ser quien era. No se trata de una renovación, de un maquillaje, es quitar para poner nuevo y lo que encontré fue novedoso para mí, dos naciones en un mismo territorio, una de ellas agoniza, desaparece, la otra llegó muy rápido a la barbarie, a la miseria, hecha a la medida de la mentalidad perezosa del venezolano llanero Chávez.

------------------------------------
·*arrecharse: se molesta, arrabiato, se encoleriza y mucho.

abril 11, 2016

lunes, 20 de junio de 2016

Mi secreto en Margarita - Parte I

Damos la bienvenida a Scotos, un globetrotter en toda regla, quien al haber visitado recientemente la Isla de Margarita (Venezuela) luego de haber transcurrido cerca de 9 años de su partida de ese lugar, nos narra su experiencia, sus vivencias y al mismo tiempo comparte con nosotros cómo ha visto al país tras su breve estadía en él. 



«Regresé a un país que ha extraviado su cultura general, su cultura gastronómica, sus valores y se dejó meter otra nacionalidad.»



Parte I. Comerse hasta la cultura general

Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien: comienzo con una linda metáfora que de alguna forma describe mi reciente y largo viaje a la Isla Margarita. No es que me hayan salido tantas canas, pero ya vienen en camino, y también se pronuncian las entradas. Debo decirlo, había vuelto antes en cortas estadías siempre evitando Caracas, pero para hacerme el importante digamos que este ha sido un volver de negocios, un viaje especial porque me ha dado la ocasión de reencontrar lienzos perdidos de mi feliz adolescencia; en efecto, sólo en lo positivo, este ha sido un viaje en el tiempo.

En anteriores ocasiones había podido visitar la isla y mientras tanto aprovechaba de vacacionar en un económico paraíso caribeño. Muy a pesar de su inseguridad, iba siempre evaluando la posibilidad de una pequeña inversión en una casita o terrenito, en un nuevo País que, con una mayoría de valores izquierdistas, está dejando de creer en la propiedad privada. Ahora, después de unos 8 o 9 años desde mi última larga estancia, gracias a las recomendaciones de mis tías que aún sobreviven en la isla he podido conseguir algo, reduciendo el temor a ser invadido y perder la pequeña inversión que va segura, a paso lento. Mis planes de retiro en la Isla Margarita van sotavento norte, o como dirían allá, van pa'lante, a paso de vencedores.

Para el que no lo sabe, esta pequeña isla se encuentra en el mar Caribe de Venezuela y está llena de venezolanos, quienes en su mayoría trabajan para italianos y árabes*, por lo que, para su desgracia, a esta tierra le toca una enorme dosis de esa cultura en proceso de mutación y erradicación. No será fácil para el venezolano que lea esto (marico el que lo lea, porque es que tienen un problema bastante feo con la subvaloración de lo homosexual y no, no soy homosexual), pero para mí sí será fácil escribirlo: aunque a donde voy siempre soy un turista en chancletas y tengo la razón en todo, la gente tiende a ofenderse fácilmente cuando le hablan mal de su país, de su gobierno o de cualquier cosa relacionada con su idiosincrasia. Es normal y corriente, comienzan engañándose a sí mismos desde chicos acerca de la pertenencia a la fuerza a un pedazo de lugar y terminan empeñando gran parte del juicio defendiendo políticas, economías o religiones que están reñidas con la naturaleza misma del ser humano. Haber podido venir a Margarita desde que soy un niño ha sido mi cura a muchas taras endógenas. Venir y poder encontrarme con ese, mi ser interior, en chanclas, y a bañarme en la playa, en calzoncillos, me ayuda a burlarme de los problemas de los citadinos del primer mundo y su angustia por resolver problemas creados por intentar resolver problemas inventados.

Como soy un desconocido, hasta para mí mismo, y en vista de que he decidido mantenerme como tal por mi propia seguridad, es momento de prologar esto para darle más veracidad a mi historia. Poco he vivido en donde nací, en Córdoba -Argentina- así que realmente nací en cualquier parte que mi mente recuerde ese día. Fuera de Córdoba he vivido en Barcelona (la de España), Madrid, Molise, Leipzig, Berlín, Praga, Bogotá, Medellín, el Amazonas profundo (a ambos lados de la frontera Brasil-Venezuela), La Guajira, Margarita, Pinar del Río y en La Habana; además de otros lugares en los que he estado por trabajo o de turista. Cuando digo vivir es que han sido más 8 meses en ese lugar, un bloody año escolar, sin poder decir que tengo buenos amigos de la infancia, porque nunca había tiempo para eso. El desapego me viene de niño, me sacaron pronto de la teta de mi madre y me pusieron a correr a caballo como indirecta para que me fuera pronto. Y pronto me fui a buscar otras tetas sin paraísos. Como es lógico, ahora pienso que no pertenezco a sitio alguno. Nunca me he sentido superior o inferior a nadie que haya pasado toda su vida en un solo lugar, ambas vidas tienen su lado positivo y antagónico. En la vida sedentaria se crean hábitos lindos, conoces íntimamente a gente que ves con mucha frecuencia. Opinas de los hijos de tu carnicero o sabes cómo le ha tocado vivir con una madre enferma durante más de 20 años a la que te vende los puchos. Esos eran cuentos de mi madre, no míos. No sólo conoces bien a otras personas, es que tienes la oportunidad de afectar sus vidas positivamente, ayudándolas de alguna manera. De la otra forma, de la mía, siendo un nómada, sólo puedes desarrollar una empatía por los problemas ajenos que no pasan de unos sinceros y sabios consejos, una palmadita en el hombro o una posterior cogida taciturna, porque claro, es excitante cogerse a un extranjero al que no tendrás que volver a ver al día siguiente. Conoces de todo, hueles de todo, pero digamos que a veces superficialmente. Lo del olor es cosa mía, ya lo sabrás si me lees los tuits, lo de esta manera de relatar me viene de Bryce Echenique y su Martín Romaña.

Caso distinto ha sido el de Venezuela, que he tenido que visitar muchas veces y sumando los tiempos y la intensidad, Isla Margarita es el territorio donde más tiempo he pasado en esta vida chupando teta. Estando allí a veces me siento venezolano, margariteño, isleño, por muchas razones que van más allá del venezolano y del margariteño (no vengo a aumentarle el ego a los venezolanos) y que intentaré explicar aquí y es el por qué estás aún leyendo esto, porque te gusta el cotilleo ¿a que sí? y saber por qué diablos un extranjero dice sentirse "de un país" al que tanto critica; porque claro, con todo lo que lees te conoces un poco más a ti mismo a través del otro; que otro piense o sienta algo para estar de acuerdo o no con él, para sentir empatía o recelo, para sentir envidia, para copiarle, para odiarle, en fin, para intentar explicar eso que no entiendes o que entiendes y necesitas que alguien lo entienda también (o tan bien) como tú lo entiendes.

Mira bien, que el cuento es largo. Como ya he dicho, he "vivido" en varios lugares del mundo y por razones obvias, he tenido que comer en ellos sus comidas autóctonas para cada hora del día. Pronto entendí que el desayuno es la comida más importante, sobre todo si es la única que podrás hacer durante 24 horas. Así que siempre me he procurado un muy buen desayuno a cualquier lugar donde he ido. Es lo primero que planifico. "A dónde fueres come lo que veres" es mi lema y como verás no soy de muchas luces, las pocas que tengo me iluminan solamente unos metros más allá mi propio camino. Así que aquí va la primera de mis opiniones controvertidas: nadie en la puta vida me podrá contradecir que el mejor desayuno es el venezolano: unas arepas con huevos rotos (revueltos), o fritos, y tocineta, mantequilla, queso guayanés, jamón cocido, palta (aguacate), frijoles negros (caraotas); o una cachapa con queso telita o de mano o con asado (asado de allá) o pernil al horno (madre mía, el pernil) o carne mechada o todo junto y un buen zumo (jugo) natural, batido de fresa, papaya (lechoza) o melón, con o sin leche y más, mucho más como las empanadas o los pastelitos; es que nadie en su sano juicio puede evitar comer tantas cosas ricas. Sólo de recordarlas se me eriza la piel. Nadie, como decía, nadie me puede contradecir en ello, excepto ¡ta ta! una venezolana pajúa**. Es que es muy común encontrarse al venezolano necio, pajúo, una enfermedad que no distingue posición social o religión o color. Y no es sólo lo común, lo que más me jode es el peso que han ganado en la "toma de decisiones nacionales".

A lo que voy. Después del chamuyo habitual, una vez llegada la ocasión de hacelelamol con esa chama (pajúa), me fue tan placentera su presencia y el olor de su cuerpo y el de su sexo y sus hermosas tetas operadas, que decidí pedirle se quedara a desayunar, aprovechando que por fin yo estaba en mi pequeño departamento de turno. Esa mañana yo tenía mucha hambre, porque poco había desayunado el día anterior y el alcohol de la noche me había abierto un agujero negro, de los que gruñen y causan dolor, no como los de Stephen Hawking, sino como los de Stephen King. Además tenía muchas cosas en la despensa tan poco usada y por lucir mi ego (otra vez) el agasajo llegaría hasta nuestra cama en forma de un enorme desayuno que hice con arepas, jugo, auténtico café expreso*** con leche entera, quesos, mantequilla del Lactuario de Maracay (la mejor mantequilla del mundo que viene en un envase de oro (nótese la hipérbole, para que entienda bien la clase de mantequilla de la que le hablo), carne mechada y palta. Las arepas eran de las gruesas, de las gorditas le dicen, así que sacarles el relleno y combinarlo con mantequilla puede ser un guilty pleasure para algunos. La chama (pajúa), con las tetas fuera de la sábana, de hermosos pezones que relamí con ganas, eran preciosos, como si se les hubieran hecho cirugía con un pincel, porque todo en ella era precioso y creo que retocado, viene y me mira de reojo, con la cara llena de asco. En el momento pensé que lo gorditas de las arepas iba en contra de sus flacas creencias y de sus costillas expuestas, pero me dice que ese desayuno ordinario no es lo que esperaba de un hombre refinado de mundo, que ella quería té y galletas y mermeladas y miel y cereal alto en fibra y queso feta y la puta madre que parió ese color de piel y sus lunares y las largas piernas y el perfume de su cuello y la manera de partir la mandíbula al protestar mientras yo le partía la crisma en mi cabeza. Ni perdón ni olvido, se llamaba Isabela Ramos, la de las grandes tetas elegantes, no olvidaré su nombre, le perdonaré porque me dejó todo el desayuno para mí solo, cuando salió muy ofendida por mi silencio, oronda, dejando de verle el hermoso culo por un buen portazo y yo feliz, mi comida y yo, como Platero y yo, pero de arepas y mantequilla, arequilla y yo éramos felices una vez más, solos otra vez.

Generalmente acostumbro informarme sobre el país al que tengo que ir, especialmente sobre Venezuela, no sé para qué, igual allí pasan muchas cosas inverosímiles en un solo día y ya la gente tiene atrofiada la memoria y el criterio. Esto es para cerrar la historia de esta parte, porque me gusta dirigir al lector a donde yo quiero que vaya y que no se me monte en el árbol de las indecisiones, porque uno más uno es dos y ya dije mi primer uno y el otro uno es que venía leyendo una matriz de opinión en Twitter, antes de llegar a este país, sobre la arepa y su nacionalidad, que crearon y fomentaron algunos tuitstars. Entre comentarios por aquí y por allá encontré muchos venezolanos pajúos, más de lo que podía creer, que eran como las bacterias esas que se hacen mayoría rápidamente en los experimentos bajo el microscopio. Afirmaban con vehemencia que la arepa no era venezolana y que no tenía por qué ser reconocida como tal. Y bueno, ni perdón ni olvido, el asado no es argentino, quizás algunos Tehuelches muertos de hambre y frío lo inventaron hace siglos, pero es lo único que sabe comer el argentino ahora (eso y la harina de trigo mojada con agua en forma de espagueti) y por alguna razón es lo que ha hecho famosa a su (pobre) oferta gastronómica. Piénsalo, Argentina-Asado, no se desasocia fácilmente.

Parte II.

Aquí llega el dos. Sugiero al venezolano que siga un mejor ejemplo, como el que Brasil dio. El de Caracas, bala y malandros, parece que les hizo doblar en una esquina equivocada, por un callejón comunista, todo un Breaking Bad sin ninguna gracia. Brasil, por ejemplo, cogió las chanclas bobas flip-flop de toda la vida y las llamaron "Havaianas", sin preguntarse con ese tono estúpido de pajúo letrado: ¿será que los amerindios usaban chancletas mientras se inventaron la arepa? ¿Será que no podremos registrar la marca porque también se usan en Colombia, al igual que la arepa? No seas estúpido, letrado bobalicón, maldición, en Venezuela perdiste la batalla cultural y ni siquiera te enteraste. Los comunistas te invadieron, estás invadido hasta la médula, y si te lo grito tampoco te vas a enterar, y eres un tonto útil cuando ni te pones de acuerdo tan siquiera para apropiarte de tu propia arepa. Ni pensar para lo que quedó el petróleo que ya tiraste al caño de la miseria histórica en la que se sumergió tu país.

Bien por ti si te enteraste de mi conclusión y no estás con un "peeero" largo, pajúo, entre sien y sien mientras me lees.  Mientras el venezolano se decide si hacer o no de la arepa, o la cachapa o el casabe o la naiboa un baluarte de su cultura general y arrebatárselo a cualquier otro en el mundo y venderlo, por dios, venderlo y ganar dinero por ello, vengo yo y se lo digo de otra forma: o se apropian del nombre de la arepa y lo comercializan y hacen Arepa©  o Arepa™ o Arepa®, alguien vendrá y se comerá las ganancias. Por ahora uno consigue en Praga arepas congeladas hechas en Colombia. Una mierda.  Mi sueño: que las arepas vengan de Venezuela, gordas, flacas o listas para freír. Digo "mi sueño" porque quiero apelar a las emociones del lector venezolano como mi último recurso, porque de razones entiende mucho, es un astuto en todo, pero éstas no lo mueven nunca a la acción.

La gastronomía es uno de los tantos valores que define a la cultura general y si tienes muchas bacterias en ello, pues tu cultura estará enferma y comprometida. Si no se pone de acuerdo a toda la población en algo tan básico como lo son las costumbres y orígenes alimentarios, se estará condenado al fracaso, como así ha sucedido en Venezuela. Más ahora que la harina (Harina Pan le dicen) con la que se hace la arepa está siendo erradicada de la riqueza social y cultural de su país. Mientras en el mundo conocen los tamales, un bollo burdo, la hallaca permanece desconocida en las altas y bajas esferas gastronómicas. Mientras el mundo come Harina Pan hecha en EE.UU o Colombia, la gente de Venezuela debate cómo deben hacer la cola para comprarla, si de pie o rezando de rodillas para que el comunismo muestre su mejor cara de una buena vez. 

Eso, que se han dejado arrebatar los pocos valores y más ahora que tienen doble nacionalidad en un mismo territorio, lo que les duplica los problemas, porque duplica la cantidad de pajúos en ambos bandos nacionales; no os dáis de cuenta, como diría un español culto, que se han convertido en un país de gente obesa, aletargada por los carbohidratos y las fumigaciones de humo de los paleros; gente que se comió hasta su cultura general y creó otra nacionalidad porque el petróleo nunca les fue suficiente para sostener la que ya tenían. Es un país feliz, decían, con el chiste oportuno en la flor de solapa y chorrito de agua, que van por el mundo con sonrisa fácil, desapreciándose a sí mismos.

Repito mi dos, para que no te pierdas en esta parte que no va de tetas, regresé a un país que ha extraviado su cultura general, su cultura gastronómica, sus valores y se dejó meter otra nacionalidad. Eso lo intentaré resumir en la siguiente parte.

---------------------------------

* Perdonen la generalización, no es mía, es un nombre que bien puede servirle a un paquistaní, sirio, árabe, indio, etc, que sea dueño de un comercio.

** Una combinación de ladino, taimado, tonto, chismoso, hablador, pendejo, ignorante y necio.

*** A donde voy, lo primero que hago es hacerme con una máquina expresa pequeña.

Abril 04, 2016

sábado, 11 de abril de 2015

Desiato sobre amor y consumismo - Fragmento

Es un día normal. Reviso mi bandeja de entrada, repleta de correos electrónicos. La capacidad casi a rebosar (y mira que son 11GB). Me dispongo a curiosear una flechita que indica "Última página". Llevo años con mi cuenta de correo electrónico, así que me decido y reviso la última (¿o primera?) página de mi bandeja de entrada. Y he aquí el obsequio que la casualidad me dio. Un obsequio, nada más y nada menos que del 22 de marzo del año 2006 y que nos invita a extraviarnos (hablo como emigrante y a usted, también como emigrante o bien, testigo de la diáspora venezolana que hoy inquieta al país). Venga a conocer:

"Llegué a Venezuela en 1973 al puerto de La Guaira procedente de Italia. Me llevó allí el buque “Doninzetti”, ahora desarmado, tras trece días de travesía atlántica. Recuerdo con claridad que la noche en que nos acercamos a las costas venezolanas veía luces por doquier y el aire cálido, húmedo, oloroso, penetraba en mis pulmones con una sensación absolutamente nueva. El buque fondeó en las afueras del puerto y los pasajeros transcurrieron su última noche de viaje en el puente, asomados frente a esas luces que sugerían un alegre bullicio. Siempre surte cierto efecto mágico vislumbrar la tierra o sentir su cercanía tras tanto mar. La soledad de éste se halla sobrecogida por la presencia de otros seres humanos, libres de moverse por la tierra, no cercados por tanta agua y profundidad. Esa noche imaginé – como europeo – una costa similar a las que había conocido en mi temprana infancia en Italia. Creía que esas luces emanaban de cómodas residencias, casitas de playa, lugares de veraneo donde uno suele pasar unos días de descanso paseando a orillas del mar o en algún malecón. Imaginaba heladerías y cafés, orden, pulcritud, tranquilidad. Pasé una noche inquieta, emocionado como estaba por el inminente desembarque que me habría unido a mi padre.

La mañana siguiente la luz del sol me mostró algo que nunca había visto. Por aquel entonces tenía doce años y no tenía la costumbre de ver noticiarios. En todo caso, en Italia era poco lo que se sabía – o lo que un preadolescente podía saber – sobre la realidad social venezolana. Sólo se decía que era un país joven, rico, portador de esperanza, un país que le había dado cobijo, alimento y un futuro a millares de emigrantes europeos duramente probados por la experiencia de la segunda guerra mundial. Sabía que Venezuela tenía petróleo – mucho petróleo – y que iba a asegurar una vida más llena, más próspera, más hermosa de aquella que podía ofrecer una Italia que ya, gracias a la ayuda económica norteamericana, se estaba recuperando de la guerra, y que, sin embargo, en lo cultural, seguía siendo todavía muy provincial, replegada sobre sí misma y aún no plenamente reconciliada tras la aventura fascista, la caída de la Monarquía y la fuerte presencia de partidos de izquierdas que habían contribuido, conjuntamente con las tropas aliadas, a liberar el norte de la península y que miraban hacia Moscú todavía como quien mira un jefe, a pesar de los dolorosos hechos de Hungría y la ocupación de Checoslovaquia por parte de los tanques soviéticos.

Mi sorpresa fue muy grande cuando el sol caribeño, fuerte, implacable, me mostró un conjunto de casitas, apiñadas, construidas con ladrillos y techos de zinc, algunas pintadas, otras apenas unas chozas, sin poder ver dónde estaban las calles y avenidas que permitían circular entre tales moradas. ¿Adónde habían ido a parar las luces que, tal luciérnagas veraniegas, brillaban con intermitencia la noche anterior? Mi madre y mi abuelo me explicaron que esas casas se llamaban “ranchos” y que allí vivían los pobres. Yo había visto algún pobre mendigar por las calles de la ciudad dónde vivía, pero jamás había visto tanta pobreza junta y, si se quiere, expuesta. E inmediatamente, sin tener la menor conciencia de los problemas sociales y económicos que azotan el mundo, me pregunté cómo hacía esa gente para soportar eso. De forma todavía latente, me sorprendía que no se rebelaran, como había estudiado en los libros de texto de la escuela cuando me habían enseñado, en el nivel que corresponde a un niño, las revoluciones de la historia. Esta disciplina me había cautivado desde el comienzo y recordaba con claridad, algunas páginas relacionadas con la revuelta de Espartaco, el esclavo de los romanos que se rebeló contra la injusticia del mundo. La luz del día me hizo pensar que lo que presenciaba era injusto.

La palabra justicia es una de las primeras que se le enseñan a un niño. Te dicen que el mundo “debe ser justo”, que “hay que combatir las injusticias”, que “los hombres deben ser libres e iguales”, que “todos somos hijos de Dios”. Nada de lo que veía se correspondía a lo que me habían dicho. Entonces, desembarcamos. Había llegado a Venezuela.


***

Con el transcurrir de los años entendí que ese día sólo había puesto pie en suelo venezolano, pero que faltaba mucho para decir que “había llegado a Venezuela”. Para llegar de veras a un sitio, lo debemos comprender. Estar en un lugar, no significa simplemente ocupar un espacio físico y moverse entre su gente. El turismo enlatado nos ha hecho olvidar la realidad del viaje. El turista sabe cuándo llega, dónde va a estar, cuánto tiempo se va a quedar, qué va a ver y, sobre todo, conoce perfectamente el día y la hora del vuelo que lo traerá de vuelta a casa. Viajar significa, en cambio, perderse. No se trata de un extravío simple y llano, sino de perder lo que uno es para comprender el otro, lo que desconocemos, lo que no somos, sin considerarlo de inmediato como “lo otro”, es decir, lo que jamás conoceremos y seremos. No hay viaje sin la experiencia del conocimiento y bien puede decirse que conocer es una forma de viajar. Debe tratarse de un conocimiento que acepte perder sus categorías y ganar otras, un conocimiento que también se pierde a sí mismo porque ha aprendido a conocer de la forma en lo que lo hace quien te hospeda, quien te abre sus puertas y te dice: “Quédate todo el tiempo que desees”. Para conocer de esta forma no hay que tener miedo – yo lo tuve durante mucho tiempo – y hay que saber aceptar la generosidad del otro, lo que no siempre es fácil, porque el don del otro puede ser percibido como una invasión de lo que se es. Los occidentales han colonizado el mundo de muchas formas, con las armas, con la religión, pero también con sus regalos, fueran estos los espejitos que intercambiaban por oro, o cualquier tipo de tecnología, inclusive la médica. Han dado mucho, y recibido poco: han sido recelosos con los dones del otro, porque han tenido miedo. El día en que entendí eso, mi vida cambió. Pero eso forma parte de mi biografía, que podemos dar por concluida a efectos de nuestro texto, una vez que nos ha permitido establecer un primer punto: deseo llevarlos, con todos los que aquí escriben y que acompaño, a conocer a Venezuela para comprenderla desde la distancia analítica a la par que la cercanía afectiva, sin que la primera destruya la segunda y sin que esta última empañe la anterior".

Fragmento de "Desiato sobre amor y consumismo", Primera parte: En busca de la convivencia perdida.

lunes, 23 de febrero de 2015

Paquetes

Todavía los aviones atraviesan el océano.

Todavía
los chocolates
las medicinas
los libros
las notas manuscritas
perfumadas
en sobres rosados
intentan transportar
corazones y afectos.


Todavía hay manos febriles aquí
haciendo origamis
y manos emocionadas allá
deshaciendo origamis.

Las manos se acarician en los llantos
empaquetados y desempaquetados.


No cabemos en las maletas.

No hay espacio en la tierra robada.

(Hablé de desmembramiento en otro poema,
esa sensación).


No hay remedio para esta orfandad de dos orillas,
salvo el amor.


Cinzia Ricciuti

martes, 5 de agosto de 2014

El exilio desde adentro - Kevin Jaimes

Le damos la bienvenida a "El exilio desde adentro" a Kevin Jaimes, joven venezolano que comparte con nosotros su punto de vista acerca de la emigración.
 
«Cuando de cumplir sueños se trata, no hay nada que pueda detenerlos. Espero que algún día Venezuela pueda ser el mejor país del mundo y que, estando donde estén, digan que regresarán a sus orígenes y puedan respirar aires de libertad…»
 
 
Nombre: Kevin Jaimes
Edad: 24 años
Profesión: Contador Público
Nivel de estudios: Universitario
Lugar de nacimiento: Caracas
País de residencia: Venezuela
 
¿Qué opinas acerca del fenómeno migratorio en Venezuela?
Creo que, más que un fenómeno, es una realidad fuerte, latente y palpable por la que está pasando Venezuela.  En estos últimos meses, es increíble la cantidad de personas conocidas que han "huido" del país en busca de una mejor calidad de vida (independencia, estabilidad económica, seguridad social, seguridad jurídica, entre otras tantas). Sinceramente, es una realidad preocupante, que en lo personal me genera mucha inquietud ya que lo percibo como una señal, muy tentadora por cierto, que me dice «¿Qué estás esperando?».

¿Consideras que es beneficioso o perjudicial para el país?
Con esta pregunta intentaré ser pragmático. Evidentemente, es bastante perjudicial la fuga de cerebros y personas preparadas que emigran de nuestro país en búsqueda de alternativas y de un futuro mejor. Sin embargo, confío en que, para estas personas, esto sólo sea un proceso de aprendizaje temporal que los ayude, algún día, a retornar a Venezuela (cuando todo mejore, supongo, y siendo muy optimista en este sentido) y de alguna forma tomar todo lo aprendido de otras culturas, costumbres  y tradiciones para aplicarlas al país y lograr de una vez por todas el crecimiento y la prosperidad que muchos Venezolanos llevan durante años luchando y esperando.

 
Durante los últimos 15 años, ¿has tenido que despedir a familiares y/o amigos que se han marchado de Venezuela?
¡Muchos! Y más que irlos a despedir, es enterarse o que sea tema de conversación común en una reunión social. Recuerdo escuchar, por ejemplo, que la prima de una amiga se fue o una pariente lejana de algún compañero se fue para otro país.

Ahora es duro decir: mi hermana se fue del país o mi hermano se está preparando para hacer vida en otro lugar. Nunca imaginé que esto podría pasar en mi núcleo familiar y con mis compañeros más cercanos.

¿Mantienes el contacto con ellos? ¿Qué opinas acerca de su decisión de emigrar?
Eventualmente, así como ver fotos y videos en las redes sociales. Sigue siendo una realidad dura. Me alivia saber que estando en otros lados, estén tan contentos, tranquilos y seguros, pero sin duda me da un poco de frustración saber que no puedo gozar de tantos beneficios en mi propio país.
Sobre su decisión de emigrar, sinceramente admiro el valor que tienen de dejar todo y partir hacia otro norte y me alegra mucho saber que consiguieron una solución para seguir adelante, a pesar de los apegos y de la nostalgia del calor Venezolano.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir en Venezuela cuando una parte importante de la juventud desea irse del país?
Como lo he comentado anteriormente, siento que esto es una señal o una alarma que me dice que tengo que hacer algo al respecto. Aún creo en mi país y siento que algún día puede mejorar y salir de esta incertidumbre en la que vivimos, sin embargo, en este momento decidí darle un plazo a esta situación, ya que no es posible que sigamos siendo la mujer que el esposo la golpea pero ella sigue creyendo que él la ama, metafóricamente hablando. Decidí darle a Venezuela hasta el 2014, no más de allí.

¿Te plantearías irte de Venezuela?
Las circunstancias me obligan y a pesar de ser lo más positivo posible, lamentablemente la realidad es cada vez más fuerte y la vida en Venezuela es insostenible. Este año lo he pensado constantemente cada vez que me levanto y cada vez que me voy a dormir. Pienso en opciones, pienso en personas, pienso en oportunidades; creo que inevitablemente ese será el capítulo final.

¿Crees que la idea de emigrar y elaborar un plan migratorio resulta fácil encontrándote en Venezuela? 
Para nada, considero que tengo un espíritu aventurero y de probar nuevos espacios que me permitan poner a prueba mis capacidades y mis formas de ver la vida. Sin duda recibo con entusiasmo el hecho de plantearme la idea de emigrar y de elaborar un plan de acción para ello. Lo difícil de todo esto es el apego a todo lo que amas y a todo lo que tienes en tu país (familia, amigos, costumbres, responsabilidades, tradiciones).
Quizás sea más sencillo estando en un viaje en otro país, ya que estaría viendo a Venezuela desde otra perspectiva. Sucede mucho que cuando uno está en una situación de conflicto o está tan inmerso en algo como nuestra situación-país, resulta más difícil tomar una decisión o ver las cosas con mayor claridad. Sería bueno pasar a ser espectador y ver en qué realmente falla Venezuela.

Si Dios quiere, tendré esa oportunidad dentro de poco viajando a otro país y así generar cierto contraste y poder entender qué tanto le hace falta a Venezuela.
Sólo he tenido la oportunidad de salir del país una sola vez (Colombia) y me parece increíble que los Colombianos estén tan avanzados en todos los ámbitos a pesar de su tema de guerrilla y de sus situaciones políticas anteriores. Esto es algo que me generó mucha inquietud, sabiendo que Colombia también es un país considerado como del Tercer Mundo y que se encuentra justo al lado de Venezuela. Si Colombia me mostró esa imagen de país y quedé impresionado, no quisiera imaginar un país desarrollado como España.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por el país?
Totalmente, me sucede por etapas: al leer noticias, al ir a elecciones, al ver tanta intolerancia entre venezolanos, al saber que no tenemos ningún tipo de garantía en ningún ámbito. Ganas me sobran para sacar el país adelante y de hecho, siendo miembro activo del Movimiento Scout, siento que estoy dando un granito de arena formando jóvenes y logrando de alguna manera que ellos sean unos ciudadanos de bien. Esto logra calmar un poco mi impotencia y mi desmotivación por la situación, pero incluso la realidad es tan fuerte que cada vez se hace más difícil servir a los demás.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Sinceramente sí y estoy seguro porque mi familia siempre ha estado sumamente clara de la situación Venezolana. Mis papás y mis hermanos siempre han sido conscientes, desde 1999 luego de anunciar al sucesor de Rafael Caldera (II), de que el país iría en decadencia porque la historia lo ha demostrado siempre: Militar no puede estar en el gobierno. ¿El resultado? 15 años de desidia y de retroceso. 15 años de odio y fanatismo. 15 años cuyo plan de gobierno fue utilizar el dolor, la miseria, y las carencia de millones de personas como bandera para lograr atornillarse en el poder. Esto, siendo tan joven, sabía que iba a pasar, y año tras año la situación me sigue dando la razón.

Por último, un mensaje dirigido a los venezolanos que han emigrado:
No hay decisiones buenas y malas, sencillamente son decisiones. Cada una de aquellas personas que han ido a buscar otro norte tienen todo el derecho y la responsabilidad de tomar esta dura decisión para seguir adelante. Cuando de cumplir sueños se trata, no hay nada que pueda detenerlos.
Espero que algún día Venezuela pueda ser el mejor país del mundo y que, estando donde estén, digan que regresarán a sus orígenes y puedan respirar aires de libertad… Venezuela, muy contenta, llorará y los recibirá con los brazos abiertos, como un hijo que se perdió y volvió a encontrar nuevamente su hogar. Pero no sólo que se perdió, sino que aprendió y entendió que no sólo hay que darle tiempo al país, sino también darse la oportunidad de vivir.-

martes, 29 de julio de 2014

[Testimonios] Venezolanos en el exterior - Christian Da Silva

Hoy le damos la bienvenida a este segmento a Christian Da Silva, venezolano radicado en Sudáfrica, quien nos narra su experiencia como emigrante.
  
«...No te sientas culpable por marcharte del país porque todavía puedes aportar tu granito de arena desde cualquier parte del mundo».
 

Durban Stadium

 
Christian (izq.) disfrutando del Mundial de Fútbol
Sudáfrica 2010
 
 
Nombre: Christian Da Silva
Edad: 29
Profesión: Accounts Manager (Gerente de Cuentas)
Nivel de estudios: Bachillerato
Lugar de nacimiento: Caracas, Venezuela
País de residencia: Johannesburg, South Africa
 
¿Cómo nace la idea de emigrar?
Por mi parte, fue más una decisión familiar en la cual mis padres contemplaron la idea de regresar al lugar de donde emigraron, ya que la calidad de vida en Venezuela se estaba tornando un poco complicada, en especial para los comerciantes, y ellos querían un futuro más seguro para mi hermano y para mí. Salí del país con mi familia el 19 de Septiembre de 2003. Primero, me fui a la Isla de Madeira, en Portugal y viví allá durante 11 meses. Luego, me fui para Sudáfrica también con la familia después de haber recibido una mejor propuesta de trabajo.
 
¿Trabajabas en el momento de tomar la decisión de marcharte?
Estuve trabajando en una tienda de videojuegos durante unos meses antes de irme de Venezuela pero sólo era algo parcial.
 
¿Te costaba encontrar trabajo en tu área? ¿Eran buenas las condiciones económicas?
En aquellos tiempos estaba recién graduado de bachiller y básicamente no tenía nada especifico a qué dedicarme para buscar trabajo. Tampoco tenía planes para empezar educación superior, así que estaba listo para trabajar en la primera oportunidad que apareciera.
 
¿Cómo está siendo la experiencia de vivir y trabajar fuera de Venezuela?
Está siendo buena, tomando en consideración que estoy en un país en el que se habla otro idioma (el inglés) y desde siempre me ha gustado. Al principio es difícil hacer amistades y adaptarse al idioma, pero después de acostumbrarse, todo va encajando poco a poco.
En  el trabajo también ha sido una experiencia de aprendizaje positiva y hay que seguir echando pa’lante.
 
¿Consideras que las condiciones, tanto laborales como sociales, son mejores en tu actual lugar de residencia?
No creo que haya tenido la experiencia suficiente en Venezuela para poder compararla con Sudáfrica. Pero a nivel social, considero que en Sudáfrica las condiciones están mejorando bastante rápido y deben ser mejores que en Venezuela en estos momentos. 
 
¿Echas de menos Venezuela? Si es así, ¿qué es lo que más añoras?
¡Claro que sí! Aparte de una chicha andina con una cachapa de pernil y queso de mano (no sé si caen bien juntas, ¡jajaja!), las amistades que deje allá.
 
¿Qué es lo que más te gusta de tu actual lugar de residencia?
Lo que más me gusta es la calidad de vida.
 
¿Y lo que menos te gusta?
Lo que menos me gusta es el racismo que todavía existe.
 
Si las cosas estuvieran mejor ¿te plantearías volver a Venezuela?
No creo que sea posible para mí ya que el trabajo que tengo en este momento es estable y sería difícil empezar de nuevo. Aunque el corazón a veces llama.
 
¿Consideras positiva tu experiencia actual?
Yo creo que sí, ya que en todos estos años trabajando en diferentes ramos y aprendiendo otros idiomas me he convertido en un “Jack of all trades, master of none” ("aprendiz de todo, maestro de nada"), visto desde una manera positiva.
 
¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por Venezuela desde tu actual residencia?
Siempre habrá ese pedacito de mí que anda triste por la situación actual pero parece no haber ni siquiera una luz al final del túnel que nos permita albergar esperanzas de que se pueda hacer algo que ayude a que surja un cambio.
 
¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
En realidad no, al menos hasta el nivel que se encuentra en este momento. Sí se presentía una inestabilidad a nivel económico, pero nunca pensé que podría llegar al nivel de que, hasta para ir a comprar un pan, hay que tener suerte para conseguirlo y que no seas robado en el intento.
 
Por último, un mensaje dirigido a quienes están pensando en la posibilidad de emigrar
Cuando desafortunadamente nuestro país sufre de la manera en que Venezuela lo está viviendo, te enfrentarás con la duda, día a día, de si seguir luchando vale la pena o ir en busca de un mejor futuro fuera del país es lo más conveniente. Pero si ya estás pensando en emigrar, no te sientas culpable por marcharte del país porque todavía puedes aportar tu granito de arena desde cualquier parte del mundo.
Si tienes la oportunidad de ir a otro país que pueda darte un poco más de tranquilidad de espíritu, no la pierdas. Es muy difícil tratar de hacer una vida sin preocupaciones en Venezuela.
Cuando te conviertes en un extranjero, puede que sea difícil adaptarte al principio, pero con un poquito de suerte y trabajando con dedicación, ya verás que poco a poco cumplirás tus sueños y construirás un futuro seguro. No te arrepentirás después de sentir esa gratificación.-

martes, 8 de julio de 2014

El exilio desde adentro - Carolina

Desde "El exilio desde adentro", damos la bienvenida a Carolina, venezolana que nos ofrece su punto de vista de la emigración venezolana.
 
«...(Los emigrantes venezolanos) Son valientes porque hay que reconocer que en ningún lugar del mundo se consigue la calidad humana de la mayoría de los venezolanos, ni el clima, ni sus costumbres».
 
Nombre: Carolina
Edad: 34
Profesión: Contador
Nivel de estudios: Universitaria
Lugar de nacimiento: España
País de residencia: Venezuela
 
¿Qué opinas acerca del fenómeno migratorio en Venezuela? 
Es una realidad que se ha afianzado en los últimos tiempos en el país, de ser un país receptor de emigrantes se ha convertido en uno que ve partir talento hacia otras latitudes.

¿Consideras que es beneficioso o perjudicial para el país?
Perjudicial, definitivamente, porque muchas de las personas que se marchan o plantean marcharse son profesionales o personas jóvenes con experiencia. Además, si quienes se van logran establecerse afuera, significa una nueva generación de orígenes venezolanos que vivirá en otras latitudes.

Durante los últimos 15 años, ¿has tenido que despedir a familiares y/o amigos que se han marchado de Venezuela?
Si, cada vez mas. De cuando me gradué en la universidad, son pocos los compañeros que quedan laborando en el país. De mis amigos igual, cada vez quedan menos y de familia, claro que han pensado emigrar.

¿Mantienes el contacto con ellos? ¿Qué opinas acerca de su decisión de emigrar?
Sí, mantengo el contacto gracias a las redes sociales. Desafortunadamente, estoy de acuerdo con que se hayan marchado, Venezuela ya no es el mismo país de oportunidades que otrora.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir en Venezuela cuando una parte importante de la juventud desea irse del país?
Negativa y desalentadora. Además de ejercer como contadora he tenido la dicha de trabajar como docente universitaria y al momento de hablar de las oportunidades de carrera, es triste tener que plantear a los alumnos la posibilidad de marcharse; además que ellos mismos son los que plantean la idea de irse al expresar “no me veo desarrollando mi carrera aquí” o “éste ya no es país para tener a mis hijos” o “bueno, me gradúo y luego si trabajo, quizás el sueldo no me alcance para adquirir determinados bienes”.
 
¿Te plantearías irte de Venezuela?
Sí, lamentablemente sí. Llevo toda mi vida en Venezuela, por lo cual, mis costumbres, mis amigos, mi educación las he adquirido aquí. El hecho de nacer en otro país no hace que no ame a Venezuela, con todo y sus contradicciones. No hay mejor hogar que el propio.

¿Crees que la idea de emigrar y elaborar un plan migratorio resulta fácil encontrándote en Venezuela? 
No, no es sencillo, por encima no es sólo tomar la difícil decisión de marcharse, desde adquirir los pasajes aéreos, sacar la documentación necesaria, adquirir divisas extranjeras, hay mil trabas que deben solventarse al momento de plantarle cara a la idea de la emigración.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por el país?
Sí, claro que siento frustración, aunada con impotencia. En estos precisos momentos creo que se puede hacer más desde la distancia que desde aquí, aunque parezca sea difícil de entender. Creo que sobran las palabras si estoy contestando unas preguntas simples y no quiero dar mi apellido; esto ya representa una libertad comprometida y cuando la libertad se compromete, el problema va más allá de la frustración.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
No, honestamente hace unos años no me habría planteado la idea de emigrar. Para marcharse hay que tener un poco de sangre fría y pensar en futuro, porque de lo contrario, nadie emigraría.

Por último, un mensaje dirigido a los venezolanos que han emigrado:
Son valientes porque hay que reconocer que en ningún lugar del mundo se consigue la calidad humana de la mayoría de los venezolanos, ni el clima, ni sus costumbres.
Los emigrantes de hoy en día se merecen respeto porque no es sencillo comenzar de cero con “cero” afuera. Los que logran irse con papeles al país de destino quizás lo tienen más sencillo pero no por ello no sufren el desarraigo y choque cultural (así vayan al país vecino); pero los que se aventuran a marcharse o emigrar sin papeles por desesperación o sentirse sin salida, sinceramente los admiro, no es sencillo aguantar el día a día lejos de la familia, con un clima contrario a la costumbre, sintiéndose quizás como extraños y ajenos y por encima con el temor a que en cualquier momento los manden de regreso.
Por encima. el emigrante actual tiene el problema de no ser en algunas oportunidades entendido o apoyado por determinados entornos aquí en Venezuela, así que son eso, valientes que andan por el mundo, por ello, los apoyo, respeto y admiro.-

martes, 24 de junio de 2014

El exilio desde adentro - Rubén Trujillo

Desde No Hay Fronteras, los invitamos a leer diversas opiniones de venezolanos acerca del exilio. En esta última entrada, damos la bienvenida a Rubén Trujillo, ingeniero residente en Caracas, quien nos ofrece su punto de vista acerca de la emigración.
 
«Creo que ya muchos emigramos, aún sin haber salido de Venezuela...»
 
 
Nombre: Rubén Trujillo
Edad: 30
Profesión: Ingeniero en Computación
Nivel de estudios: Universitario
Lugar de nacimiento: Caracas, Venezuela
País de residencia: Venezuela
 
¿Qué opinas acerca del fenómeno migratorio en Venezuela? 
¿La verdad? Creo que ya muchos emigramos, aún sin haber salido de Venezuela. Para mí una nacionalidad no es más que un conjunto de valores y conductas que tienen en común un grupo de personas, y en lo personal, siento que la Venezuela en la que muchos de nosotros crecimos y nos formamos cada día es más un recuerdo que una realidad. Siento que vivo en otro país que casualmente comparte el mismo espacio geográfico que la antigua Venezuela.  Tomar un avión hacia otro país solo es formalizar ese sentimiento.

¿Consideras que es beneficioso o perjudicial para el país?
Perjudicial. Venezuela, en este momento, tiene que construir una nueva generación que siga el trabajo de la anterior y, en realidad, no tengo mucha fe en la generación criada en la Venezuela de hoy. 

Durante los últimos 15 años, ¿has tenido que despedir a familiares y/o amigos que se han marchado de Venezuela?
Muchísimos.

¿Mantienes el contacto con ellos? ¿Qué opinas acerca de su decisión de emigrar?
Intento hacerlo, pero nunca es lo mismo. No es lo mismo hablar con una persona frente a frente que hacerlo vía Whatsapp o Skype. De por sí, nunca he sido de socializar por medios digitales, y eso ha hecho mi experiencia en este punto particularmente difícil.
Sobre su decisión de emigrar, los apoyo totalmente. Para empezar, Venezuela se encuentra en una situación en la que condiciones mínimas de vida como lo son la seguridad, la alimentación, el agua o la luz no están garantizadas para nadie. Pero aún si el país estuviera bien, y la gente no estuviera obligada a irse para buscar una vida mejor, creo que el hecho de nacer en un sitio no quiere decir que pertenezcas a ese sitio: la emigración es un fenómeno natural y cada persona debe tener la libertad de irse y establecerse en el lugar donde se sienta más a gusto. Y esto último va a todo nivel, desde razones sociales como la cultura y los valores de un país, hasta elementos sobre los que no tenemos ningún control como el clima o la topografía: que seas caraqueño no quiere decir que te guste vivir en un valle tropical.

¿Cómo está siendo la experiencia de vivir en Venezuela cuando una parte importante de la juventud desea irse del país?
Te sientes en otro país. Sobre todo porque parte de la identidad que uno tiene como venezolano ya no está en Venezuela; muchos de los valores con los que yo crecí y con los que me identifico, los encuentro más fácilmente en los venezolanos que emigraron o están por hacerlo que en el venezolano que uno encuentra en la calle en estos días.

¿Te plantearías irte de Venezuela?
Ya estoy trabajando en eso.

¿Crees que la idea de emigrar y elaborar un plan migratorio resulta fácil encontrándote en Venezuela? 
No. Y cada día que pasa es más difícil, pues se cierran más puertas. Para dar un ejemplo rápido: no es posible que sea tan complicado encontrar fechas para presentar un IELTS (examen de inglés) en Venezuela  —una prueba que exigen en casi todo el mundo— cuando en Colombia, por mencionar otro país, es tan sencillo como inscribirte online y escoger la fecha que más te convenga. Y como ese ejemplo tengo muchos más: demoras en trámites de documentos, boletos aéreos, nuevos visados que antes no eran exigidos, etc.

¿Vives con cierta frustración la actual situación venezolana? ¿Sientes impotencia y ganas de hacer algo por el país?
¿Cómo no sentir frustración? De nuevo, no es justo para nadie verse obligado a emigrar para encontrar las condiciones mínimas de vida que aquí no son posibles.
Sobre ayudar al país, considero que todos tenemos ganas de hacer algo por él; sin embargo, me parece que se puede hacer más por Venezuela desde afuera que desde adentro. Desde afuera, por lo menos, puedes ayudar a tu familia enviando productos de primera necesidad (aceite, harina PAN o café). Adentro, tan solo eres una persona más sufriendo los mismos problemas que el resto de los venezolanos.

¿Hubieses pensado verte en esta situación hace algunos años?
Esto se veía venir desde hace mucho tiempo y estaba seguro que este momento llegaría. Es la velocidad con la que ha pasado la que me sorprende.

Por último, un mensaje dirigido a los venezolanos que han emigrado:
Como dice una canción por ahí: «Mi patria en mis zapatos, mis manos son mi ejército».-